"Personajes que parecen sacados de las películas de Berlanga, retratos chuscos donde se mezclan el poder con el dinero, amantes y sinvergüenzas"
Cuatro seres humanos le han dado la vuelta a la Luna esta semana y han regresado a la Tierra sanos y salvos tras recorrer una distancia de más de un millón de kilómetros. Claro que si uno lo piensa un poco, la verdadera proeza es atreverse a regresar pensando tal y como tenemos el planeta. Porque nuestros días están marcados en el mundo por la guerra de Oriente Medio, y en España por los juicios sobre la corrupción. Mirar al cielo se antoja un puro alivio.
Una ventana de oportunidad. La guerra en Irán ha entrado en una fase más difusa, pero no menos sangrienta. El frágil alto el fuego anunciado por Trump lo fue tras una apocalíptica amenaza (“esta noche morirá toda una civilización”) de las que encogen el alma y le dejan a uno anonadado. Vaya, una montaña rusa de emociones que ríete tú del Dragon Khan. Tenemos un alto el fuego endeble, muy imperceptible, pero que al menos ofrece una ventana de oportunidad para parar una guerra que sólo ofrece destrucción masiva . Eso sí, nadie entiende en estos momentos para qué ha servido esta guerra, un empeño del presidente norteamericano más impredecible e irresponsable de los conocidos. La sangrienta dictadura teocrática de Irán sigue al frente del país, sólo que ahora está destrozado. Y el estrecho de Ormuz, el cuello de botella para el comercio mundial, está cerrado.
Lo que sí nos llega de la guerra. Lo que sí notamos ya son los efectos negativos y muy cercanos de la tensión mundial. La subida del precio del petróleo se percibe con improperios en todas las gasolineras (a pesar de la rebaja del IVA), genera ansiedad en el agricultor cuando pone en marcha el tractor (era lo único que les faltaba) y va a provocar más quejas sobre la cesta de la compra con la subida de precios que viene. Todo un círculo (no olvidemos a quienes aprovechan el río revuelto para hacer su agosto con los precios) en el que encima van a sufrir más quienes menos tienen. Estupendo panorama. La ira de Trump se ceba ahora en la OTAN, porque considera que Europa no le ha seguido el ritmo de sus ambiciones autoritarias en Oriente Medio. Veremos dónde acaba su fijación con España. Y desde luego tampoco nos ayuda en nada la insistencia de Pedro Sánchez en ser un adalid anti-Trump al margen de nuestros socios europeos. Un paraguas europeo que no le ha importado despreciar por razones puramente electoralistas con su “no a la guerra”. Las mismas que han hecho que el PP haya sido todo menos claro en esta crisis.
Vergüenza ajena en el Supremo. En nuestro país, la actualidad vive en los tribunales con dos juicios alrededor de la corrupción. El caso Kitchen del PP, presunto uso torticero de la cúpula policial y parapolicial para proteger a los altos cargos del partido en la época de Rajoy frente a los papeles de Luis Bárcenas, el extesorero que llevaba la contabilidad B del partido. Y el caso Ábalos del PSOE, ahora en el Supremo que juzga el presunto cobro de mordidas por el exministro por contratos para mascarillas durante la pandemia. Ambos hablan de un cáncer que se repite en España. La realidad es que el juicio a José Luis Ábalos y Koldo García atrapa (para mal) como si fuera un reality show televisivo. Personajes que parecen sacados de las películas de Berlanga, retratos chuscos donde se mezclan el poder con el dinero, amantes, sinvergüenzas, apaños personales y hasta la sombra de financiación irregular en el PSOE. Un cóctel imposible de digerir sin ver retratado allí lo peor de nuestras miserias sociales. Un juicio que no ha hecho más que comenzar y que certifica que la Justicia funciona, aunque en otras ocasiones sea muy lenta. Ábalos, que fue la mano derecha de Sánchez, es sólo el primer eslabón en la cadena de escándalos que acosan al presidente en este tramo final de la Legislatura. Bien lo sabemos en Navarra, donde nos pilla de lleno el caso Cerdán, derivado del anterior y donde está imputado el otrora hombre fuerte del partido socialista en España y en su tierra. Un proceso por presuntas mordidas en adjudicación de obras públicas que la UCO va desentrañando gracias a la manía de Koldo por dejarlo todo grabado. Un caso judicial que sigue su curso, con una empresa (Servinabar) en el centro y una hidra de casos (Fomento, Sepi, Forestalia) que extienden las sospechas por media España. Y todavía falta mucho por saber.
