¡Viva San Fermín! De la postal festiva a la diplomacia de ciudad
Hace justo un año, las vueltas que da la vida profesional me trajeron a Dallas. Cambiar el verde de la Comarca de Pamplona por el asfalto infinito de Texas es un ejercicio de adaptación constante, pero hay algo muy nuestro que el desarraigo no logra diluir. Me refiero, por supuesto, a la punzada en el estómago cuando llega el 6 de julio. Cuando comenzaba a escribir estas líneas, en Pamplona se estaba descorchando la locura colectiva del Chupinazo. En Dallas, en cambio, la mañana avanzaba con el ritmo imperturbable de las oficinas de Downtown.
Por supuesto, la distancia agudiza la nostalgia, pero también afina la mirada y amplía la perspectiva. Estar lejos te obliga a mirar a tu tierra haciendo zoom, despojándote de los debates domésticos del día a día para ver el cuadro completo. Y vivir este año en Dallas me ha regalado una analogía imprevista. Hasta hace no mucho, para el español medio, esta ciudad texana era poco más que un puñado de estereotipos cinematográficos y televisivos, con sombreros de vaquero, torres petrolíferas y el eco lejano del magnicidio de Kennedy. Una postal plana. Sin embargo, su designación como una de las sedes principales del Mundial de Fútbol ha operado un cambio en la percepción pública.
El mismo día del chupinazo, la realidad nos brindó una carambola inolvidable. Me refiero, por supuesto, al atronador ¡Viva San Fermín! con que un pamplonés, Mikel Merino,........
