¿Por qué nadie entre los participantes de la Korrika recrimina tal atrocidad? La respuesta es evidente
No aguanto más. De verdad, ya se hace insoportable. No se puede normalizar que los asesinos salgan a la calle sin mostrar arrepentimiento alguno. No podemos asistir impasibles a manipulaciones mediáticas destinadas a cambiar nuestra historia mediante presiones y mentiras. No podemos mirar como si nada pasara ante el constante enaltecimiento de los asesinos de ETA.
Tengo 29 años y no sufrí en primera persona los zarpazos de la banda terrorista ETA. Precisamente esa perspectiva, alejada del miedo y el recuerdo a lo vivido, es la que me obliga a denunciar públicamente, como ciudadano, la ignominia que vivimos de forma constante. Una sociedad que enaltece a los asesinos en vez de proteger a las víctimas es una sociedad podrida. Una justicia que lo permite es una justicia sin utilidad. ¿Dónde está la fiscalía? Me voy a centrar en las lamentables imágenes de la Korrika, en las que un niño y el adulto que lo acompañaba portaban el “lekuko” vistiendo camisetas con las imágenes de dos asesinos de ETA: los responsables de los asesinatos de Tomás Caballero y Francisco Casanova. Demasiadas veces vemos cómo quienes corren detrás exhiben carteles de enaltecimiento, pero en esta ocasión se ha dado un paso más. También es gravísimo que, en Francia, el testigo fuera portado por un asesino de ETA que se encuentra en busca y captura. Un asesino que mató a niños, mujeres… en fin.
No entraré en el debate de si eso favorece o perjudica al euskera, porque la respuesta es tan evidente que supone una pérdida de tiempo dedicar una sola línea más a esa cuestión. Lo que sí quiero plantear es una reflexión sobre la pasividad social ante tal aberración. ¿Qué se les pasa por la cabeza a las personas que hacen eso? ¿Por qué la organización, la AEK, no lo impide y les da un protagonismo preferente? ¿Por qué nadie entre los participantes recrimina tal atrocidad? La respuesta es evidente: por complicidad.
Recuerdo perfectamente la manifestación convocada el 3 de junio de 2017 en defensa de la bandera de Navarra. Fue una manifestación multitudinaria en la que algún desubicado portaba banderas preconstitucionales. La organización le hizo guardar la bandera o abandonar la manifestación. Con esto quiero decir que la excusa de “cada uno lleva lo que quiere” no vale. No puede ni debe servir.
A quienes dicen que “siempre se habla de ETA”, les respondo: ojalá dejen de enaltecer asesinos, de portar sus caras como homenaje, de colocarlos en listas electorales, de recibirlos como héroes o de regalarles puestos de trabajo sin mérito alguno. Entonces la situación sería bien diferente. A cada atentado moral, una respuesta clara. Que el peligro de ser pesados no nos convierta en inmorales. Nuestra obligación es defender y escuchar a las víctimas, no proteger ni dar voz a sus verdugos. Debemos plantar cara a la legitimación social de quienes, hasta no hace mucho (16 años), mataban, secuestraban, extorsionaban y amenazaban a quienes no eran como ellos.
Hay que mirar a los ojos a quienes todavía defienden y enaltecen a los últimos genocidas de nuestro país: la banda terrorista ETA. Sin miedo, sosteniendo la mirada. Sabiendo que estamos en el lado correcto de la historia quienes defendemos una Navarra plural, con derechos lingüísticos, pero también con convivencia. Y una convivencia real, no una convivencia basada en el miedo para mantener la mal llamada “paz social”, que siempre se construye a costa de empequeñecer al pacífico y empoderar al violento. Navarros, navarras: a trabajar por ello con valentía y sin complejos.
Julen Sesma Redondo. Concejal de UPN en Huarte
