"El debate era la perfecta radiografía de nuestra abundancia: una discusión de estómagos saciados"
Éramos tres a la mesa, tres miradas para elegir batallas y platos. Nos plantamos ante un menú de los de buena digestión: callos gloriosos, cogote en su punto y un bacalao en lascas perfectas, regado con un tinto que convertía en filosofía la conversación.
La charla fluía y al llegar el postre se coló la melancolía, ese invitado que se apunta a los cafés. Uno de los comensales dictó, con tono de sentencia irrecurrible: "Las fresas de ahora no tienen sabor". El veredicto cayó sobre el mantel como un chupinazo antes de la hora: si el fresón encendió la mecha, el tomate consolidó el........
