IA y empresas: el valor de las personas
La historia del trabajo es, en gran medida, la historia de una progresiva humanización. El trabajo que podía hacer un animal dejó de hacerlo el hombre y acabó haciéndolo un animal. Lo que podía hacer una máquina acabó haciéndolo una máquina. Lo que podía hacer un ordenador acabó haciéndolo un ordenador. La imprenta, la máquina de vapor, la electricidad o internet modificaron profundamente la forma de trabajar. Ahora, la inteligencia artificial (IA) avanza en el mismo sentido, realizando acciones que hacíamos las personas. Acabaremos descubriendo que esas acciones tampoco eran las más genuinamente humanas. Y ante las lógicas inquietudes sobre el futuro del trabajo y del empleo, la historia nos enseña que las grandes revoluciones tecnológicas, tras su primer impacto, no han eliminado trabajo humano: lo transformaron.
Desaparecieron algunas ocupaciones y surgieron otras nuevas, pero sobre todo cambió el valor relativo y el foco de las capacidades humanas. Lo transformaron en trabajos con “mayor valor añadido”. Lejos de disminuir el valor de la persona, aumentaron el valor de aquello que sólo la persona puede aportar. Incidir en este valor es el reto. La IA afectará especialmente a tareas administrativas, documentales o repetitivas basadas en el tratamiento de información: en aquello que es predecible, no........
