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Cerrar la puerta para que Navarra nunca deje de ser Navarra

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29.03.2026

Han pasado casi cinco décadas desde la aprobación de la Constitución de 1978. Es un texto que ha sido clave para la convivencia, la estabilidad y el progreso de Navarra y el conjunto de España. Sin embargo, contiene una parte que nos afecta como navarros y responde a unas circunstancias históricas ya superadas, por lo que hoy carece de sentido en una realidad política, social e institucional distinta. Es el caso de la Disposición Transitoria Cuarta, la que establece el mecanismo que permitiría la incorporación de Navarra a la Comunidad Autónoma Vasca, y a nuestro entender, ha llegado el momento de suprimirla. Lo dice el propio significado de la palabra “transitoria”. Lo transitorio está llamado, por definición, a desaparecer. Fugaz, pasajero, provisional, temporal, breve, caduco, efímero… los sinónimos de la palabra lo dejan todavía más claro. Se aplica a aquello que responde a una situación excepcional, pero cuando lo transitorio se prolonga durante 48 años, pasa a convertirse en una anomalía. Ya fue excepcional su propia inclusión, puesto que es una singularidad que afecta exclusivamente a Navarra y que no tiene equivalente en el resto del sistema autonómico. 

Es una espada de Damocles que solo tenemos los navarros. De hecho, el Consejo de Estado, en un informe en 2006, sugirió su derogación y avaló nuestro estatus jurídico diferenciado. Navarra hoy es una comunidad con identidad propia y con un régimen foral plenamente consolidado. La LORAFNA es la pieza clave que ha permitido articular una foralidad efectiva durante todos estos años. Ha dotado a Navarra de capacidad normativa y de un modelo propio y singular dentro del conjunto de España que bien utilizada, nos ha permitido prosperar y ofrecer servicios de calidad pagando menos impuestos que ahora. Pero mantener abierta la puerta que permite que Navarra deje de ser Navarra y sea Euskadi, no solo es innecesario, sino que introduce un elemento de incertidumbre que no contribuye a la estabilidad institucional ni a la convivencia. Precisamente por eso, mantener una disposición que sugiere que nuestra realidad como navarros podría quedar en suspenso resulta incongruente. No se puede, al mismo tiempo, afirmar la solidez de la foralidad navarra y mantener abierta una vía que cuestiona su continuidad. 

En ese recorrido de consolidación institucional, no puede ignorarse el papel desempeñado por Unión del Pueblo Navarro en la defensa activa y sostenida de la foralidad. Durante décadas, UPN ha articulado una posición política clara en favor de la foralidad navarra, contribuyendo de manera decisiva a preservar y desarrollar nuestro régimen foral dentro del marco constitucional. Y la mejor forma de defender el régimen foral de Navarra hoy es apoyar la supresión de la Disposición Transitoria Cuarta. No resulta coherente autoproclamarse foralista y permitir una vía para ser otra cosa diferente a lo que somos: una comunidad foral y diferenciada, dentro de España. Por este motivo, UPN ha registrado en el Parlamento de Navarra una proposición de ley para plantear una reforma de la Constitución que cierre esa puerta para que Navarra nunca deje de ser Navarra. Basta ya de proyectar una idea de provisionalidad de Navarra, como si su estatus pudiera estar sujeto a revisión. Nuestra iniciativa debe interpretarse como una oportunidad para abordar de manera definitiva una anomalía institucional que entendemos se ha prolongado demasiado en el tiempo. 

En este contexto, resulta especialmente preocupante la ambigüedad del Partido Socialista de Navarra, que hasta ahora había mantenido que la Disposición Transitoria Cuarta es fruto de otro momento histórico y no tiene sentido en el actual, pero que, abierto el debate con la iniciativa presentada por UPN, parece buscar excusas y no mantener una posición clara en defensa de la realidad institucional de Navarra. Con la proposición de ley de UPN que insta al Congreso de los Diputados a suprimir la transitoria cuarta, todos los partidos van a tener que abandonar las ambigüedades y votar en el Parlamento de Navarra, algo que no sucede desde la primera legislatura. En aquel entonces, Jesús Casajús, parlamentario de la Unión Navarra de Izquierdas, presentó una moción para solicitar el referéndum de integración de Navarra en el País Vasco y la derrota fue rotunda. Lo que se votará ahora no es que se active, sino precisamente lo contrario, que se suprima el mecanismo a través de una reforma constitucional. Veremos, 48 años después, dónde está cada uno. Lo que sí está claro es que UPN va a seguir en el mismo sitio que estaba, siendo coherentes con nuestro ideario, nuestro compromiso, nuestro sentimiento navarro, nuestra defensa y orgullo de Navarra, nuestra razón de ser. 

Con nuestra iniciativa no pretendemos ir contra nadie, sino afirmar con claridad que Navarra no es una realidad en tránsito. Navarra no necesita puertas entreabiertas. Cerrar definitivamente esa puerta no es mirar al pasado, sino todo lo contrario: es dar un paso adelante, pensando en nuestro futuro. Significa reforzar la convivencia, despejar incertidumbres y apostar por una Navarra que se siga construyendo desde la libertad, el respeto y la confianza en sí misma. Navarra no es transitoria. Y cuanto antes se traduzca esa realidad en el propio texto constitucional, antes dejaremos de arrastrar una ambigüedad que para nosotros no tiene razón de existir. En UPN estamos orgullosos de nuestra historia. Orgullosos de nuestra identidad. Estamos orgullosos de ser navarros y nunca vamos a renunciar a ello. 

Cristina Ibarrola Guillén. Presidenta de Unión del Pueblo Navarro


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