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"Viene el sanchismo a Andalucía a cortar cabelleras y a disparar flechas en el quicio de la ventanilla de la diligencia"

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25.03.2026

Juanma Moreno Bonilla ha convocado elecciones para el 17 de mayo. Lo hizo de noche, para que Sánchez no le robara la cartera en un súper domingo electoral. Hace falta mérito para encontrar un domingo que no sea fiesta en Andalucía en primavera, y eso no habla mal de Andalucía, sino que habla mal del resto. La primavera andaluza cura las heridas del alma con flor de manzanilla, aroma de azahar e incienso de la Resurrección. La primavera no es un buen momento para convencer a la gente de Sevilla de que lo conveniente sería levantar un muro que separara a unos de otros, pues están bailando en pareja. La línea por la que pretenden partir España pasa por la boca de riego de la elipse de albero de la Maestranza y corta el arco de la Macarena el viernes santo al mediodía.

A las elecciones va María Jesús Montero como quien va a una guerra, con hachas tomahawks de montaditos y danza guerrera de una tribu que allí no existe. Viene el sanchismo a Andalucía a cortar cabelleras y a disparar flechas en el quicio de la ventanilla de la diligencia. Esa guerra la tienen perdida porque no se va a dar, y a ver cómo le dices a un señor, señora, señor o señore que lo conveniente es cavar una trinchera, con la calor que hace y si esta tarde torea Morante y abre el compás en el tercio de la pupila de lo eterno un torero de La Puebla del Río. Se asoman las vírgenes, absortas en la pena sobre un balcón de cera que tintinea y se derrite y por todas partes estallan unos jazmines como de un poema de Manuel Alcántara.

El 36 político que se pretende invocando el peligro de que llegue a otro 36 queda tan lejos de Andalucía. Allí José Antonio solo hay uno, y no es el que les gustaría a los que hacen el masaje cardiorrespiratorio a los fantasmas de un fascismo que ni está ni, mucho menos, se le espera. Con el “no pasarán”, Montero pretende reverdecer la Guerra Civil con palmas corraleras en medio de esa Andalucía de primavera, de florecillas blancas en las cunetas, de lirios y jacarandas de un violeta tan inocente. Así, no se puede.


© Diario de Navarra