Un suspenso que compromete nuestro futuro
En mi familia hay, y ha habido, muchos docentes de diferentes ámbitos educativos. Todos han ejercido su profesión con muchísimo orgullo y con una gran responsabilidad. Porque la educación, bien entendida, es uno de los principales motores de progreso individual y colectivo, y, sobre todo, el gran ascensor social de nuestra sociedad. La educación concebida no solo como la adquisición de conocimientos, sino como herramienta para aprender a pensar con criterio, tomar decisiones informadas, distinguir la verdad de la manipulación y desenvolverse con mayor libertad. Garantizar una educación exigente y de calidad es la mejor política de igualdad de oportunidades y una de las inversiones más importantes que puede realizar cualquier sociedad en su propio futuro. Quizá por ese concepto y alto valor de la educación y de los docentes, sumado al hecho de tener a dos criaturas en edad escolar, los malos resultados de PISA conocidos hace unos días me han preocupado especialmente. Frente a quienes intentan desacreditar esta prueba de la OCDE, puesta en marcha en 2000, soy de las que creen que hay que hacer mucho caso a PISA, ya que compara en las mismas condiciones los conocimientos y preparación de jóvenes de la misma edad (15 años) y de distintos países y, lo más importante, después de tantos años, presenta tendencias. No podremos mejorar si no tenemos datos fiables sobre cómo estamos.
PISA ha sido un auténtico descalabro, sin paliativos, en España y sobre todo........
