Crisis educativa y crisis cultural
"El sistema educativo español es muy bueno”, declaraba en 2006 la ministra de Educación, Mercedes Cabrera. No fue una ocurrencia aislada: a lo largo de su gestión Cabrera repitió continuamente que España contaba con uno de los mejores sistemas educativos de su historia, a pesar de lo que pudieran decir informes como el de PISA, en los que España quedaba malparada. Esos estudios no medirían más que aspectos parciales, no esenciales, del fenómeno educativo, según la ministra de Zapatero. Y tampoco había que exagerar la comparación con otros países. Es la reacción típica de tantos gobiernos: negar o minimizar el problema en lugar de asumir su responsabilidad e intentar arreglarlo.
El deterioro educativo reflejado por el último informe PISA resulta tan patente que ha impedido el mero negacionismo. Hay unanimidad en el diagnóstico: la educación española está mal, sin paliativos. PISA mide lo que mide -aquí tenía razón la ministra-, pero eso basta para que suene la voz de alarma. Resulta imposible ignorar la gravedad del problema y, en lógica consecuencia, se han multiplicado los análisis, las denuncias y las propuestas de mejora.
Dada la indigencia del bebé humano, los niños necesitan durante años el........
