Tu familia no te olvida
Opinión | Una ibicenca fuera de Ibiza
Tu familia no te olvida
Tu familia no te olvida |
Una cosa ha llevado a la otra y he acabado alojada en un hotel a apenas cien metros del cementerio donde descansa mi padre. ¿Descansará realmente? Viendo el solazo criminal que pega directo sobre su lápida —a qué mala hora elegimos piedra negra—, tengo dudas.
Empiezo a pensar que esta columna de reflexión —mucho más que de opinión, dónde vamos a parar— saca lo más hondo que alberga al visitar cementerios. A los hechos me remito. Y no es casual: la palabra proviene del latín tardío reflexio y del verbo reflectere. Antes de significar ‘cavilar’ o ‘pensar sesudamente’, en su raíz —re (hacia atrás) y flectere (doblar, curvar)—, ‘reflexión’ era, literalmente, doblar o curvar hacia atrás.
Y, claro, limpio la lápida mientras el líquido crepita y se evapora al instante ante mis ojos, y esta cabeza se curva a los gritos que nos pegaría mi padre, si pudiera, que le saquemos ahora mismo, que cómo nos atrevemos a meterle ahí.
No es la primera vez que me grita mi padre, qué va. En estas dobleces hacia atrás, lo mismito que me gritaba cuando vivía. Incluso, incluso, en tumbas en las que no estaba él…
También en Benarés (India) acabé viviendo junto a otro inmenso cementerio —del latín tardío coemeterĭum, y este del griego bizantino koimētḗrion, «dormitorio»—: el río Ganges, el lugar más sagrado del hinduismo, el elegido para ser cremado con el afán de que el alma rompa el ciclo de reencarnaciones y alcance,........
