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Cruceros de lujo

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09.05.2026

Los cruceros de lujo, sin quitar que puedan acabar bien, remiten a un mundo un poco grotesco y, a veces, hasta patético. Cuando me pregunto quién se apunta a un engorroso viaje de placer en barco, aun rodeado de lujos, pienso siempre en una de mis escenas favoritas de Triángulo de la tristeza, maravillosa sátira del cineasta sueco Ruben Östlund sobre el culto disparatado al dinero. Dos de los protagonistas, Carl y Yaya, cenan una de las noches con el enigmático matrimonio que forman Clementine y Winston. Cuando le preguntan a Winston cómo se ganan la vida, explica que tiene un negocio familiar consistente en fabricar productos de ingeniería de precisión. «¿Qué productos?», quiere saber uno de los protagonistas. «Productos que se utilizan para preservar la democracia en todo el mundo», señala Winston, muy genéricamente. Pero su compañía esa noche insiste en saber más, y no tiene otra salida que aclarar que su producto estrella «es la granada de mano».

La lucidez de Östlund para urdir caricaturas casi se queda pequeña, sin embargo, al lado de la de David Foster Wallace, que en 1996 publicó en la revista........

© Diario de Mallorca