Die Insel ist voll
José Félix Pons de Villanueva
Turistas en Palma / Tomàs Moyà / Europa Press
Sí, la isla está a rebosar. No lo dice únicamente quien vive en Mallorca y padece cada día los atascos, la falta de vivienda o la dificultad de encontrar mesa en un restaurante. Me lo decía hace poco un amigo en Múnich, uno de esos alemanes que han ido a Mallorca durante años, fieles a una isla que consideraban casi suya.
«Mis amigos están hasta las narices», me confesó. «Las carreteras se llenan de grupos de ciclistas cada vez más grandes. Los coches no pueden adelantar, los conductores con razón, se ponen nerviosos y, cuando por fin llegas a un pueblo para tomar algo, los locales están llenos. Vas al siguiente pueblo y ocurre lo mismo. La consecuencia es sencilla: no volveré a Mallorca».
Su frase final es incómoda, pero conviene escucharla. Porque no procede de un enemigo del turismo ni de alguien que quiera dar lecciones desde lejos. Procede de un visitante habitual, de un mercado esencial para nuestras islas, que empieza a sentir que Mallorca ha dejado de ofrecer aquello que la hacía singular: espacio, sosiego, belleza y la agradable sensación de haber llegado a un lugar distinto.
Hemos asistido recientemente a otra manifestación contra el turismo. No fue la primera y seguramente no será la última. Entiendo el malestar que la alimenta: resulta difícil defender un modelo cuando muchos trabajadores no pueden pagar un alquiler y cuando el crecimiento parece colonizar cada rincón de la isla. Pero, visto desde Alemania, estas imágenes también pueden........
