Un nuevo eurocentrismo
Opinión
José Carlos Llop
La plaza de Llorenç Villalonga sin bellasombras / B. Ramon
He añorado, en la polémica sobre la masacre de las bellesombres, la palabra ombú. La plaza de les bellesombres es la plaza de Llorenç Villalonga, pero el árbol, en castellano, es el ombú, que de niños nos evocaba desde las novelas de Salgari hasta las películas ¡Hatari! y Mogambo. Creíamos que el ombú o bellaombra era un árbol africano, con esa sonoridad como de tam-tam, y el ejemplar de la plaza de la Reina –que era el más espectacular– tenía la piel de elefante y parecía, también, la pata de un proboscídeo gigantesco. Este magnífico ejemplar botánico sí estaba muy enfermo y su desaparición, además de una pena, fue tan necesaria como terapéutica. Al día siguiente de su tala, como si fuera un juez de guardia, fui a certificar su acta de defunción –quiero decir que visité sus restos, enraizados aún en tierra– y les puedo asegurar que el pestazo que salía de aquellas entrañas era peor que el de la cueva donde encerraban a los leprosos en Ben-Hur.
Como es sabido, los árboles talados en la plaça Llorenç Villalonga no estaban enfermos. No su totalidad, ni la mayoría siquiera. Palma fue pionera de las plazas duras cuando se cargaron la Plaza Mayor –que era una plaza encantadora, con parterres, fuente y parada de taxis en añorado blanco y negro– en favor........
