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El derecho a no tener que irse

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tuesday

Dept. Econmía de la Empresa UIB, director del laboratorio de Emprendimiento e Innovación Social UIB

El derecho a no tener que irse

Viviendas en Palma / Manu Mielniezuk

Hay derechos que descubrimos cuando empezamos a perderlos.

Quizás uno de ellos sea este: el derecho económico a no tener que abandonar el lugar al que perteneces porque alguien con mucha más capacidad adquisitiva ha descubierto que tu casa, tu calle o tu pueblo son un activo magnífico.

Suena peligroso. Lo es.

Porque el siguiente paso podría ser decidir quién pertenece. Y ahí conviene esconder inmediatamente los apellidos.

Ser mallorquín desde ocho generaciones no debería conceder más derechos civiles que haber nacido en Senegal y llevar veinte años trabajando, criando hijos y pagando impuestos aquí. La pertenencia seria no se mide en ADN. Pero existe un debate legítimo sobre si la continuidad histórica, la residencia prolongada y la contribución a un territorio pueden generar reclamaciones especiales. David Miller, Margaret Moore o Cara Nine han defendido que el vínculo duradero con un lugar puede contar sin convertirse por ello en superioridad étnica.

El arraigo, además, se fabrica cada día. Se acumula viviendo, trabajando, cuidando relaciones, participando, devolviendo algo. Lo heredado puede contar. Lo construido también. Ninguno debería servir para excluir a quien llega y sí........

© Diario de Mallorca