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La nueva Dolorosa | Por: Carolina Jaimes Branger

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18.05.2026

Carolina Jaimes Branger

Hay dolores que no caben en el lenguaje. Dolores que no se narran, sino que se contemplan. Como esas imágenes antiguas de la Virgen atravesada por espadas, con el corazón expuesto al mundo, sin defensa posible.

Pero esta Dolorosa no está en los altares. Camina. Pregunta. Suplica. Se sienta en oficinas donde nadie responde. Y envejece esperando.

Se llama Carmen Navas, aunque podría llamarse de cualquier manera.

Durante dieciséis meses buscó a su hijo como se buscan las cosas sagradas: con fe ciega, con obstinación, con una terquedad que solo el amor permite. Recorrió cárceles, tocó puertas, habló con funcionarios que le negaban lo evidente, que le administraban el silencio como si fuera una política de Estado.

Y mientras ella preguntaba, su hijo ya estaba muerto.

Muerto bajo custodia. Muerto sin despedida. Muerto sin nombre.

Porque lo enterraron en secreto. En una tumba compartida, con “una lápida de papel” como escribió recientemente Florantonia Singer en El País, y hasta con una fecha equivocada, como si también quisieran desordenar el tiempo para que el crimen no encontrara su lugar.

Hay detalles que desgarran más que los hechos: que esa madre, de más de ochenta años, haya........

© Diario de Los Andes