Habitar el placer: la energía que sostiene lo extraordinario | Por: Arianna Martínez Fico
Por: Arianna Martínez Fico
Hay palabras que son casi tabú en el mundo organizacional.
Placer es una de ellas.
En este entorno hablamos de indicadores, compromiso, motivación, desarrollo, bienestar. Más recientemente, de felicidad y seguridad psicológica. Hemos aprendido a diseñar culturas, a medir clima y engagement, a gestionar la experiencia del colaborador. En medio de todo eso, rara vez nombramos algo esencial que empieza -en parte impulsado por nuevas miradas generacionales- a asomar con más fuerza: la capacidad de disfrutar lo que hacemos.
El pasado fin de semana participé en una Biodanza de primavera guiada por Marianela Van Grieken, maestra con más de treinta años de experiencia. El foco del encuentro era el placer.
Lo que viví ahí fue una reconexión profunda con el placer como una capacidad que es posible desarrollar cuando lo vemos como forma de estar en la vida, antes que como lujo o accesorio.
Más allá del encuentro, de la música o del movimiento, lo que emergió en ese grupo de danzantes fue una experiencia de presencia, conexión y plenitud.
Y desde ese lugar, apareció una pregunta que tiene días dándome vueltas en la cabeza:
¿Qué lugar tiene el placer en la forma en que trabajamos, lideramos y nos relacionamos?
¿De qué hablo cuando hablo de placer?
Hablar de placer en empresas puede resultar, todavía, una conversación incómoda o difícil de ubicar. Quizá porque durante mucho tiempo lo hemos asociado a lo superficial, a lo inmediato o a lo privado.
El placer es algo mucho más profundo.
Desde su raíz etimológica, el placer remite a aquello que agrada, que resulta grato, que genera una sensación de bienestar en el cuerpo y en el alma. Es una experiencia que involucra al ser completo, más que solo una emoción pasajera.
En la tradición griega, aparece vinculado a Eros, esa fuerza vital que impulsa la vida, el deseo, la conexión. No reducido a lo sexual, sino entendido como energía de creación, de vínculo, de expansión.
Eros es lo que nos mueve hacia lo que nos hace bien. Lo que nos acerca a otros. Lo que nos conecta con el deseo de vivir.
Desde esta mirada, el placer es una de las expresiones más esenciales de la vida.
Y, como propone la Biodanza, sentir placer se trata de una capacidad que se despierta y se cultiva desde dentro, no de algo que perseguimos fuera de nosotros.
Aparece cuando habitamos el cuerpo con presencia. Cuando nos permitimos sentir. Cuando entramos en contacto con lo que está vivo en nosotros y en los........
