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Entre el bosque y el jardín | Por: Arianna Martínez Fico

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El arte de cultivar la vida

El fin de semana pasado estuve en un retiro precioso en Equisoain, un antiguo castillo refaccionado en medio de un bosque casi virgen en Navarra. Todavía puedo sentir el olor de la humedad de la tierra, el sonido de las hojas bajo los pies y esa manera en que el silencio aparece cuando la naturaleza abarca todo lo que es posible mirar y se convierte en conexión con lo sagrado, haciéndome sentir una con el todo.

Fueron días para respirar distinto.

Acompañados por Santiago Beruete -filósofo, jardinero y autor de varios libros maravillosos sobre naturaleza- y Eduardo Barba, paisajista e investigador apasionado del mundo vegetal, aprendimos a mirar con más atención. A detenernos frente a un musgo diminuto, la corteza agrietada de un árbol antiguo o una pequeña flor silvestre abriéndose paso entre piedras al borde de un camino.

Hubo conversaciones profundas, meditación, Chikung, activación kundalini y espacios de arte terapia. Caminamos por el bosque. A veces lento y otras con un poco más de ritmo. Como la vida misma, el retiro parecía moverse a distintas velocidades y estados de ánimo, pero siempre desde una presencia que me cuesta explicar. Una forma distinta de habitar el tiempo.

Regresando de una caminata exploratoria en medio de ese bosque de cuento de hadas, comenzó a llover con la fuerza de las tormentas tropicales. El barro nos llegaba casi a las rodillas. Mi único acto de presencia plena era avanzar paso a paso sin caerme, sentir el peso de mis pisadas, la lluvia atravesando los abrigos y pegándose a la piel, apoyarme a veces en las ramas y cuidar dónde pisaba para no destruir aquello mismo que nos sostenía.

Hacía mucho tiempo no me sentía tan parte de la vida.

Lo salvaje y lo cultivado

Tengo la fortuna de vivir muy cerca del parque El Retiro en Madrid y con frecuencia camino por sus jardines. Hay zonas perfectamente cuidadas, senderos trazados con precisión, árboles podados, flores organizadas casi como una composición musical. Y también existen rincones donde la vegetación parece respirar con más libertad, espacios menos intervenidos en los que la naturaleza conserva algo de su impulso indómito.

Mientras caminaba por el bosque en Navarra pensaba en la diferencia entre el bosque y el jardín.

En el bosque la vida aparece con una autenticidad salvaje, hermosa y casi descarada. Nada intenta aparentar otra cosa. La vida sucede incluso en el caos aparente: ramas caídas, hojas secas, barro, humedad, descomposición y nacimiento, conviviendo al mismo tiempo en una armonía que........

© Diario de Los Andes