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Reino de León: el adelantado de Europa

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Creado: 21.04.2026 | 06:00

Actualizado: 21.04.2026 | 06:00

Hubo, una vez, un Reino, en el remoto extremo del continente europeo, que se adelantó a su tiempo y consiguió erigir, en la Edad Media, la mayor parte de los pilares maestros que convirtieron a Europa, dos siglos más tarde en el edificio-motor del mundo moderno: los leoneses (ellos, ellas) tenemos el grandísimo honor (aunque los libros de historia de escuelas e institutos lo hayan ignorado y negado) de haber sido los verdaderos artífices del mundo moderno. Mucho antes que nuestros vecinos del norte se arrogaran ese privilegio, inventamos por estas tierras cosas tan extraordinarias como la tolerancia ideológica, el progreso técnico, la prosperidad económica, la democracia política y los derechos y seguridades sociales y jurídicas. Es una gloriosa gesta que merecemos cumplidamente por mucho que la propaganda castellanista, primero, y españolista, después nos la hayan birlado y menoscabado cruelmente. Y que solo gracias a meritorias iniciativas de ilustres compatriotas como Rogelio Blanco, Juan Pedro Aparicio y otros ilustres leoneses, estamos empezando a valorar.

En ese tiempo, entre los siglos X y XII, Europa moldeaba una estructura asentaba sobre el rígido feudalismo franco germánico, el fanatismo papista de las primeras cruzadas, las monarquías teocráticas de origen divino, el anquilosamiento técnico y la penuria económica. Por contra, el Reino de León fue el epicentro de una revolución social y política, tecnológica y económica sin parangón en el continente. El Reino de León fue claramente el adelantado de Europa en un puñado de «invenciones» que hoy calificaríamos con pleno derecho de «proto-modernas».

Democracia Política: la «Cuna del Parlamentarismo». Mientras en la Francia de los Capeto o en el Sacro Imperio Romano Germánico el poder emanaba del Rey y era intermediado por la nobleza y el clero, la Curia Regia de León rompía este esquema en las Cortes de León de 1188. Alfonso IX convocó a los representantes de las ciudades (el «Tercer Estado» o boni homines) a participar en la toma de decisiones. Esto no fue una concesión graciosa, sino un reconocimiento de la fuerza económica de la burguesía naciente. Los ciudadanos no solo escuchaban; su presencia era necesaria para aprobar gastos extraordinarios y declarar guerras. En Inglaterra, la Carta Magna (1215) llegaría décadas después y sería un pacto solo entre el Rey y los barones, excluyendo al pueblo llano. En León, el pueblo ya era un actor político de rango institucional con derechos individuales. El Decreto de 1188 incluía promesas del monarca que hoy consideraríamos derechos constitucionales: Inviolabilidad del domicilio; Derecho a la justicia; Protección de la propiedad.

Y algunos años atrás Alfonso VI, había regulado el ordenamiento local de las ciudades pertenecientes al conquistado Reino de Toledo con las comunidades de villa y tierra, con unos concejos cívicos, que reproducen fielmente la estructura democrática de los concejos leones aún vigentes en todas nuestras pedanías. Y con amplísimas competencias: poblamiento. Dirige el nacimiento de las aldeas en su territorio, reparte las heredades entre los vecinos y reserva otras tierras para aprovechamiento concejil comunal. Justicia:. La villa establece las normas que regulan las relaciones entre la propia aldea y otras, así como entre los vecinos de unas y otras. Las normas venían reguladas por los Fueros, sancionados por el monarca. Autonomía. La villa dependía únicamente del Rey. Elegían anualmente por parroquias (barrios), a sus propias autoridades, con una duración de los cargos de un año, y estos ejercían todas las competencias gubernativas, judiciales, económicas y aún militares.

Dinamismo económico: la economía europea del siglo XII era muy primitiva, basada en el trueque o en monedas de vellón (mezcla de plata y cobre) de circulación muy local y valor muy escaso, León, en cambio, operaba con una moneda fuerte: el maravedí. de oro y plata aceptado internacionalmente. Con un sistema de intercambio de bienes y servicios y un grado de monetización muy avanzada gracias al comercio del Camino de Santiago. El maravedí permitía al Reino de León financiar infraestructuras, pagar ejércitos profesionales y, lo más importante, facilitar un comercio a larga escala que sus vecinos europeos apenas empezaban a imaginar.

Tolerancia ideológica: Frente a la creciente intolerancia que culminaría en las Cruzadas Albigenses en Francia o los pogromos en Centroeuropa, León era un espacio de «pragmatismo fronterizo». Mozárabes (cristianos en tierras musulmanas que migraban al norte), judíos (esenciales en la administración y medicina) y musulmanes (mudejares) convivían bajo un marco legal que protegía sus derechos de propiedad y culto. Cada ciudad leonesa tenía su fuero, un contrato entre el Rey y los ciudadanos que garantizaba libertades que en Europa no existían, como el derecho a no ser juzgado fuera de su propia ciudad o la protección de las mujeres viudas.

Bienestar social: En Europa el régimen era señorial. El campesino era un siervo de la gleba, una propiedad de la tierra, como lo eran los árboles o los jabalies del bosque, los aperos y los jamelgos de la granja. que no podía moverse sin permiso del señor. En León: El régimen era de presura (apropiación de tierra baldía). El campesino era un hombre libre armado que defendía su tierra. Esto creó una clase social media-baja con una dignidad y capacidad de defensa legal inexistente en el feudalismo francés o anglonormando.

Progreso tecnológico: León no solo importaba ideas a través del Camino de Santiago, también las exportaba. El románico leonés (como la Real Colegiata de San Isidoro) muestra una sofisticación en el uso de la luz y el arco de herradura (influencia mozárabe) que dotaba a sus edificios de una estética más avanzada (como se observa en el Panteón de los Reyes de San Isidoro, justamente apodado la «Capilla Sixtina del Románico») que el románico pesado del norte de Europa. Las técnicas de regadío heredadas y mejoradas del contacto con Al-Ándalus permitieron una agricultura más productiva. En fortificación, se perfeccionaron las torres albarranas y las murallas de doble paramento, superando en resistencia a los castillos de mota y bailey de madera comunes en Inglaterra y Normandía hasta bien entrado el siglo.

El Reino de León en el siglo XII no encaja en la definición popular de «Edad Media Oscura». Fue un estado con moneda fuerte, parlamento representativo, seguridad jurídica domiciliaria y una sociedad de hombres libres. Mientras Europa se sumergía en el absolutismo feudal, León experimentó un «renacimiento político» que sentó las bases de lo que hoy llamamos democracia moderna.

¿Por qué esas fabulosas semillas se perdieron, agostadas por el implacable secarral del dominio castellano que acabo devorando aquel florido vergel del Reino Leonés? En, parte, por el furioso acoso del Papado romano al intento aglutinador, que bajo Alfonso VI pretendió construir una Proto-España tri-cultural. En parte por la agresión fundamentalista de los almoravides africanos que pusieron contra las cuerdas la resistencia del Reino, en parte, por la desdichada política de la hoy glorificada reina Urraca I que antepuso sus intereses particulares a los comunes del reino, abortando un reino leo-aragonés que se hubiese adelantado trescientos años al de los Reyes Católicos, y tras ello, abocando a la pérdida de Portugal y la subordinación a Castilla.


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