menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La luna

10 0
yesterday

Creado: 16.04.2026 | 06:00

Actualizado: 16.04.2026 | 06:00

En medio del caos de la historia de este año 26 de repente me topo con la luna, que ha vuelto a hacer acto de presencia, regresa a nosotros como vuelven los recuerdos que nunca fueron del todo nuestros.

La misión Artemis no es solo un viaje espacial: es una confesión. Una confesión de la humanidad, cansada de sí misma, que necesita mirarse desde lejos para entender qué demonios está haciendo aquí, respirando este aire que cada vez parece más prestado. Recuerdo cuando la luna era una cosa íntima.

Estaba en las canciones, en las noches de verano, en los paseos sin dinero ni futuro. Ahora la luna es otra vez una meta tecnológica, un destino con presupuesto, con contratos, con nombres de ingenieros que nadie recordará.

Y sin embargo, en el fondo, sigue siendo la misma piedra blanca que miraban nuestros abuelos. Eso es lo extraño: avanzamos para volver al mismo sitio.

Artemis suena a diosa, a caza, a bosque antiguo. Pero también suena a metal, a combustible, a pantallas llenas de números. Es una mezcla de mito y algoritmo, de poesía y cálculo, como todo lo humano.

Queremos tocar la luna otra vez, pisarla con botas nuevas, dejar huellas que no son tan distintas de aquellas de hace medio siglo. ¿Qué buscamos allí? ¿Agua? ¿Recursos? ¿Un futuro? Yo creo que buscamos algo más simple: buscamos sentido, seguimos buscando a Dios.

La Tierra, mientras tanto, sigue girando con su cansancio. Hay guerras, hay ruido, hay injusticia. Y en medio de todo eso, lanzamos un cohete. Es casi un acto de fe. Como si al salir de aquí pudiéramos perdonarnos. Como si la distancia nos limpiara. Los astronautas de Artemis no son héroes en el sentido clásico. Son hombres y mujeres que aceptan el vacío, que se suben a una máquina y se alejan de todo lo que aman. Eso tiene algo profundamente triste y bello. Porque ir a la luna es, en cierto modo, abandonar la tierra. Y abandonar la tierra siempre duele.

Quizá dentro de muchos años alguien recuerde este momento como nosotros recordamos las viejas misiones Apolo. Quizá no. Tal vez todo se diluya en la velocidad de la información.

Pero habrá una imagen que permanecerá: un ser humano caminando otra vez sobre la superficie lunar, mirando hacia arriba, hacia ese punto azul que somos nosotros.

Y entonces, en ese instante, todo se detendrá. El tiempo, la historia, el ruido.

Y alguien pensará: hemos venido hasta aquí para entender que nuestro lugar sigue estando allí, en ese pequeño planeta frágil donde la vida es el mayor éxito del universo.


© Diario de León