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Cuando vuelvan las golondrinas

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25.03.2026

Creado: 25.03.2026 | 06:00

Actualizado: 25.03.2026 | 06:00

El tiempo es de charlatanes; un comodín cuando no hay otra cosa mejor para dar la brasa; está el del ascensor, ensayo de grandes tratados de comunicación que empiezan por lo esencial; captar la atención. El tiempo se hizo mayor en la escena sociológica cuando en la tele previa al 78 metían a España entre líneas onduladas y las Canarias en el margen inferior izquierdo. El tío del tiempo, catalogaron en ese León de subsistencia en el que el parte, el meteorológico, se hizo Dios para prevenir la hacienda, no viniera la tormenta del siglo a amolar los fréjoles, con las veces que hay que doblar el lomo para verlos en la quilma. El tiempo es de chamanes. Dos de cada tres saben que revuelve por la amargura del latigazo reumático que avisa de la lluvia del día después. Cuando la gente no se había contaminado de los mensajes ideológicos que envuelve la pastilla de los vientos ábregos, había dos estados guasap: lluvia o sol, con excepcional calificación en este León de la muerte y crucifixión, con las tres estaciones, invierno, verano y la del tren. El chiste se contaba solo hasta que, un día, unos hombres vestidos de blanco metieron la variante política entre la rubiana que encarna los mofletes de la tarde y el alba pálida de las brumas. Repartieron carnés de fachas y negacionistas a los que osaron invocar el espíritu del anticiclón de las Azores, en pleno serial de enero y de inversión térmica, de tinieblas más allá de Mansilla y el termostato disparado cuanto más cerca de la punta de Ubiña. Le empaquetaron la comisión de delitos ambientales al cambio climático a la estera de lumbre que puso a León a temblar en agosto; no llegó a entrar ni un tío con tendencias pirómanas en la trena mientras el tren de borrascas puso a navegar los rescoldos del monte con los que pensaban quemar las urnas. Todo, después del anuncio con malversación del apocalipsis de un invierno seco y cálido. Lo mismo, para esta primavera. El tiempo es el exalcalde de Cistierna que saca pecho en Zamora con el radar de Salamanca que pagó Úrsula para salvarnos del futuro. Igual podían haberse ahorrado la talegada; a marzo le quedan tres partes, y las golondrinas sin venir.


© Diario de León