La tragedia que exhiben las urnas
Creado: 26.03.2026 | 06:00
Actualizado: 26.03.2026 | 06:00
Citar en la misma frase a Nietzsche y a los políticos contemporáneos resulta estridente. Pero quizá sea oportuno apelar al eterno retorno de lo mismo para entender la foto de ayer, con Mañueco (PP) sentado con Pollán (Vox), para volver a configurar un pacto en Castilla y León que, si aciertan las quinielas, calcará lo visto en 2022. Pero con un matiz importante. El sillón que ahora ocupa el leonés como presidente de las Cortes no entrará esta vez en el pacto. Vicepresidencia —qué tardes de gloria dio el burgalés Gallardo entonces— y tres consejerías, incluso con materias asimilables. De la ruptura de la cohabitación por los menas —para desatascar Canarias— no queda nada de nada. Igual que tampoco se echa ya nadie al monte, como entonces, porque entraba la ultraderecha (sic) por primera vez en un gobierno en Europa. Se negaban manos, fotos juntos y debates, y se proferían improperios que hoy ya nadie entona, al probarse tan manidos como improductivos. Personalmente, me repugna toda la retahíla de vendedores de crecepelos, desde Vox al otro extremo.
En cuatro años las cosas han cambiado, y hoy se acepta como normal el hecho de que PP y Vox gobiernen juntos, al acumular incontestables mayorías en todos los sitios donde hay elecciones. En todos y cada uno de los territorios (ahí reside la singularidad de León) se repite el triunfo del PP. Alguno mirará a Soria y su peculiar alcalde, aunque aquello tiene mucho de aldea remota al más puro estilo Asterix. El experimento de Soria Ya, como todos los populismos, se derrumbó rápido, y arrojó sus votos para salvar a un Carlos Martínez que se ha trabado en que habrá repetición electoral. A la vez que intenta abrir distancia respecto a un aparato de Ferraz que le puso a dedazo... seguro, seguro, que por ser contrario a Sánchez.
La victoria por un puñado de votos del PSOE en León es quizá el mayor síntoma de la tragedia de esta tierra. Lidera todo tipo de estadísticas de desastres y de falta de sostenibilidad, de envejecimiento, falta de bodas, bautizos... la que se quiera. Y ahí cabe incluir la electoral. Pasamos de ser tierra de funcionarios a serlo de funcionarios o casi, eso sí, bien retirados. Con esa media de edad cabe entender que aquí hay una amplia parte de la población que no quiere enterarse de lo que está pasando. Y sin jóvenes no se genera el vuelco que sí hay en otras zonas. Cuanto peor, mejor para la rosa. Las urnas prueban la tragedia de esta tierra... con El Bierzo en alerta ¡roja!
