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Transformación cultural policial

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23.04.2026

Creado: 23.04.2026 | 10:35

Actualizado: 23.04.2026 | 10:35

Utilizando palabras de San Juan XXIII la policía debe adaptarse a los signos de los tiempos. Efectivamente, la policía no puede permanecer ajena a los cambios sociales propios de la evolución y progreso humano. Lo contrario sería un absoluto desastre para aquellos encargados de preservar la libertad y seguridad de todos.

La policía se ha identificado tradicionalmente como la garante del cumplimiento de la ley. No es cuestionable que históricamente ha sido así, y así sigue siendo. No es muy realista pensar que de forma unánime todos los ciudadanos voluntariamente cumplan con lo preceptuado en las leyes. Esto, evidentemente da lugar al delito y al conflicto. Entonces, surge la necesidad de poner orden y concierto apareciendo la policía como institución clave. Esta visión tradicional de la policía, se ha quedado obsoleta porque la realidad social demanda y necesita que asuma otras funciones que transciendan la de mero garante de la ley. Las necesidades del ser humano han evolucionado y las amenazas y deficiencias que sufre también. La policía no puede quedar al margen de estas nuevas realidades porque tiene una dimensión transversal en la vida de las personas. Su propia naturaleza, recursos y preparación la erigen como una herramienta clave para dar satisfacción a la inmensa mayoría de las situaciones adversas que cotidianamente nos acontecen. Situaciones que dada su cotidianidad pasan en su mayoría desapercibidas para aquellos que no las sufren. Esto, contribuye a un mayor aislamiento de las personas en un mundo cada vez más complejo y sin tiempo de reacción. Hoy, todo pasa muy deprisa, sin capacidad de evaluar vías de actuación, y muchas veces sin el conocimiento de recursos que nos puedan ayudar a sobreponernos a lo ordinario, a lo que nos preocupa y nos hace infelices. Es en este ámbito de lo humano, de lo simple, pero a la vez muy complejo para aquellos que carecen de los recursos materiales o emocionales adecuados, dónde la policía supone un báculo muy eficaz. La seguridad ya no solo consiste en que nadie te agreda, robe o simplemente insulte. La seguridad representa bienestar físico y mental, libertad y disfrutar de una calidad de vida determinada por un conjunto de circunstancias que impiden que se nos considere como unos parias. La seguridad desde esta perspectiva holística se ha convertido en un bien escaso. Y se ha convertido en un bien escaso porque las amenazas a la misma son cada vez más y más agresivas. La soledad no deseada, la falta de recursos económicos, en definitiva, la ruptura del tejido social genera déficits de seguridad y de calidad de vida. La policía puede ayudar mucho a contrarrestar este deterioro. Puede erigirse en arquitecto social que ayude a apuntalar la red social y a su regeneración. Incluso, debe asumir un papel proactivo siendo constructor de esa red social imprescindible para la vida en comunidad. Sin policía, es imposible la convivencia pacífica. Está claro que la policía debe estar bajo el control de la sociedad, de sus legítimos representantes y rendir cuentas ante ella. También está claro que no puede vivir en paralelo a la sociedad, debe vivir en el epicentro de la red social, es sociedad. El agente de policía debe tener presente que es un ciudadano al que su comunidad le ha otorgado en usufruto poderes excepcionales que debe poner al servicio de aquellos que lo han investido de tales potestades. Ya no cabe entre nosotros una policía autocrática propia de dictaduras en las que su objetivo principal es el control social. En democracia el papel de la policía debe estar predeterminado por garantizar los derechos civiles y el cuidado de las personas. Esto, exige una transformación de la cultura policial que debe integrar plenamente en sus estructuras a la ciudadanía.


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