«Simpas» políticos
Creado: 11.03.2026 | 06:00
Actualizado: 11.03.2026 | 06:00
Todo rumor es política. Y en algunos lugares, como Venecia –según ?lvaro Cunqueiro–, cada rumor era tomado por ley. Sin llegar a tanto, aunque no por mucho, aquí ha ocurrido lo mismo demasiadas veces: nos lanzaba un político en rueda de prensa un proyecto de futuro y cuatro o cinco años después de su fecha prevista de entrega ya estábamos, impacientes, reclamando por su iniciación como si aquella promesa hubiera sido ley y no simple rumor, con altavoz y púlpito, pero rumor sin más. Y es que, si nos lo creemos todo, luego vivimos en una constante decepción. Así que no resulta extraño que cada vez seamos más los escépticos con un santo Tomás dentro que, hasta que mete el dedo en la llaga, no confía en ninguna herida. Tampoco es para menos después de haber visto construir una trinchera y poner las nuevas vías de un tranvía y llevar más de quince años sin ver circular nada por esas vías.
Todo este estado de cosas, que a veces provoca una ligera desconfianza hacia las instituciones, procede de que en este país lanzar falsas expectativas al aire no es tan ilegal como levantar falsos testimonios. Vamos, no es en absoluto ilegal y por eso aquí, que disponemos de un centro de alto rendimiento atlético, tenemos a auténticos campeones en el alimentar esperanzas, acallar conciencias y plantar sueños. Tecnología punta en el prometer y primeras calidades en el «nada de lo prometido». Nuestros políticos donjuanes saben que llevar la lengua suelta no cuesta nada ni tiene repercusiones, pues, cuando llega la hora de rendir cuentas, siempre habrá algún factor ajeno al que culpar. Una buena vía de escape para el «simpa».
Que el electorado leonés no funciona como una empresa lo demuestra que no se hunde en una apatía sufragista por esos continuos timos, como le ocurriría a cualquier comercio, que se vería obligado a echar la trapa. El espíritu democrático y participativo no sufre mella, demostrando que la credulidad es una potencia que se renueva igual que la esperanza: sin necesidad de muchas razones. Sin el menor embozo, pese a ser casi siempre las mismas caras e idénticas voces, nos renuevan las ofertas, las melladas promesas, los oxidados compromisos. Y nosotros, torciendo un poco el gesto, volvemos a votar ese idéntico programa perpetuo. Somos gente de ideas fijas y nada supersticiosa.
