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Lo peor de esta guerra

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07.04.2026

07 de abril 2026 - 03:06

Lo malo de las guerras es que, aunque uno no quiera, en las guerras termina uno poniéndose, o te terminan poniendo, del lado de alguno de los contendientes. También en las injustas e ilegales (¿las hay justas y legales?). En los últimos tiempos no falta el amigo, el conocido o el vecino que, ante tu oposición al ataque norteamericano-israelí a Irán, te hace la fatal pregunta, como si viniera a cuento: “¿Pero tú qué preferirías, vivir en los Estados Unidos de Trump o en el Irán de los ayatolás?”. Como si el asunto ahora fuera decidir entre un país regido por un multimillonario narcisita e iluminado que reza antes de bombardear y otro regentado por sacerdotes fundamentalistas que rezan cuando invocan la revancha. Afortunadamente, no nos encontramos los españoles en esas condiciones.

Lo malo de las guerras es que no tienen nada bueno, pero una de las cosas malas es que te provocan odio hacia el que tú terminas considerando bando malo. Así, sin venir a cuento ni pensar que fueras a sentir nunca nada parecido, te ves imaginando la muerte o la defenestración de Donald Trump como una solución, o te encuentras de repente celebrando en lo más íntimo el derribo de un caza norteamericano o la caída de un misil en territorio israelí. Te creías pacifista y de improviso tu interior se satisface vergonzosamente de que las bajas, aunque mínimas, también se cuenten por el lado del agresor y murmuras un ruin “se lo merecían” o un humano aunque inmoral “que sepan lo que es eso”.

Lo malo de las guerras no es que no se sepa cuándo acaban, sino que nunca acaban de terminar. Lo peor es que todos terminamos participando. Por todo esto que digo, de todos los actores de este drama, los malos deben ser forzosamente quienes las empiezan, los que encienden la mecha de este mal generalizado, los que abonan el reguero del odio, los que pudiendo buscar otros medios eligen el cañonazo fingiendo dar lecciones de libertad, y acaban desatando el recelo, la inquina entre todos.

Pero no sé, quizá no sea eso lo peor. Tal vez lo sea la abundancia de esos indiferentes ante los sufrimientos de unos y otros, de aquellos que esbozan una sonrisa, los pescadores en río revuelto, los neutrales que recogen sus beneficios políticos y económicos de toda esta siniestra fiesta de explosiones, los especialistas en oraciones a dios y al diablo, los que asisten al inhumano espectáculo sabiéndose a salvo de las esquirlas y las metrallas. Miren a su alrededor, los peores están a la vista.

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