Jerez, octubre de 1967: histórica goleada del Industrial al Onubense
23 de marzo 2026 - 02:45
El domingo 29 de octubre de 1967 visitó Jerez, en desplazamiento particular, el arzobispo de Puerto Rico, Luis Aponte Martínez, quien oficiaría misa en el convento de las RR. Dominicas del Beaterio. Asimismo, a las once de la mañana, y como acto final de los solemnes cultos que la Archicofradía de Inmaculado Corazón de María y Madre de Dios del Rosario Patrona de Capataces y Costaleros celebró en la iglesia de San Juan de los Caballeros Función Principal de Instituto: fue oficiada una misa solemne por ClaudioPérez Antón, párroco castrense. Cabe constatar que a esta primera Función Principal de la Hermandad de Capataces y Costaleros de Jerez asistieron representaciones de la Hermandad de Capataces y Costaleros de Sevilla; hermandades jerezanas de penitencia del Cristo de la Buena Muerte, Santísimo Cristo de la Caridad, Santísimo Cristo del Amor, Nuestro Padre Jesús del Desprecio de Herodes, la Oración en el Huerto, Hermandad de la Esperanza de la Yedra y la de Nuestra Señora del Mayor Dolor. Durante toda la jornada estuvo expuesta en solemne ceremonia de besamanos la imagen de la Santísima Virgen.
Este domingo se caracterizó, en lo noticiable, por la abultada victoria del Jerez Industrial ante el Onubense: 7-0. Con golazos de Totó (3), Vega (2) y Lima (2): artillería de lujo en el Domecq. Buen tiempo, ambiente de júbilo. Los aficionados, siempre leales, poblaron tribuna, preferencia y los fondos. El espectáculo, de inicio, estaba garantizado. El Estadio Domecq vivió aquel domingo una tarde de las que hacen afición. El Jerez Industrial, firme y ambicioso desde el pitido inicial, pasó por encima del Onubense con una goleada que quedaría en la memoria de propios y extraños. El 7–0 final no solo refleja la superioridad local, sino también el fútbol alegre, decidido y vertical que desplegó el conjunto jerezano. El partido comenzó con un Industrial volcado, empujado por la afición siempre entregada a sus colores. A los 11 minutos, Vega abrió el marcador con un disparo cruzado tras una internada por la derecha. El gol desató a los locales. Pura magia de precisión. Apenas cinco minutos después, en el 15, Totó en remate de cabeza, de arriba abajo, firma el 2–0 con un remate seco. El Onubense, desbordado, no encontraba forma de frenar las acometidas.
El dominio era absoluto, elegancia en el pase corto, rapidez de los extremos, profundidad: en el 18, Totó, de nuevo de cabeza, tras centro de Lima, consumó el tercero. El Industrial jugaba de memoria, con una presión asfixiante y un ritmo que el rival no podía seguir. Era una máquina engrasada. Un tributo al deporte rey. Parecía un juego de pizarra calcado al milímetro. Antes del descanso, en el 22, balón a la red: el cuarto: otra vez Totó, de un trallazo tras pase de Vega. El público, cómplice siempre, coreaba el nombre de este futbolista inasequible al desaliento. Lejos de conformarse, el Jerez Industrial salió del vestuario con la misma intensidad. En el 35, Lima escenificó el quinto de disparo raso y colocado. El 5–0 era ya un castigo severo, pero los locales aspiraban a más. No bajaron la guardia.
En el 64, Lima volvió a aparecer para rubricar el sexto, redondeando una contra que él mismo había iniciado. El Onubense, resignado, descolocado, apenas podía cruzar la línea del medio campo. El broche alcanzó su cenit en el minuto 81, cuando Vega, desde fuera del área lanzó un fortísimo chut que Barnés no logró alcanzar. El Domecq se vino abajo en aplausos. Aunque no marcó, Asenjo pudo considerarse uno de los nombres propios del encuentro. Su potencia, su capacidad para fijar defensas y su entrega constante abrieron espacios que sus compañeros aprovecharon una y otra vez. Ejemplar y silente. La grada reconoció su esfuerzo con una ovación al ser sustituido en los minutos finales. El 7–0 no solo sería un resultado abultado: fue una declaración de intenciones. El Jerez Industrial mostró fútbol, carácter y una pegada demoledora. Y la ciudad, al son del rodar del esférico, aupó la victoria con ese orgullo de pertenencia que siempre dedicó al equipo de las rayitas azules y blancas.
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