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El flautista

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22.04.2026

22 de abril 2026 - 03:07

Ahora que ha empezado la Feria de Abril, me acuerdo del flautista que tocaba alegremente la flauta (una flauta doble) en los frescos de una de las tumbas etruscas diseminadas por los campos de Tarquinia. Se saben muy pocas cosas de los etruscos. No sabemos de dónde salieron, ni qué idioma hablaban ni cómo eran sus casas y fortificaciones, que estaban construidas con materiales perecederos y desaparecieron sin dejar rastro. No sabemos qué dioses tenían ni cómo eran sus ciudades ni qué régimen político dominaba sus vidas. Lo único que sabemos es que crearon una cultura muy rica y compleja (adaptaron el alfabeto griego) y al final fueron conquistados y exterminados por sus vecinos del sur, los romanos, que saquearon sus tumbas y se llevaron todo lo que encontraron que fuera de valor en nombre del Orden y en nombre del Imperio. Pero eso sí, nos han quedado sus tumbas, esas misteriosas tumbas etruscas en las que se ensalza la vida en los frescos pintados en las paredes, donde la gente ríe y baila y come y canta. Los etruscos no le tenían miedo a la muerte. No la imaginaban como un final, sino más bien como un principio, o en todo caso como una continuación de las mejores cosas que tenía la vida. En la muerte no había sombras ni llanto ni silencio ni destrucción. No había Leteo ni Hades ni Infierno. Había fiestas y banquetes. Había risas.

Había delfines saltando entre las olas y pájaros que volaban sobre el mar. Había malabaristas y había danzarines. Y había siempre un flautista que tocaba alegremente la flauta, como ese flautista de la Tumba de los Leopardos que está tocando sin parar para los muertos que están allí enterrados.

Ahora mismo, cuando media ciudad está cantando y bailando en la Feria, me acuerdo de aquel flautista de una civilización que desapareció casi sin dejar rastro. Los pesimistas –y cada vez hay más– nos anuncian catástrofes inminentes y desgracias sin límite, y los más fúnebres pronostican el final de nuestra civilización y la aniquilación total de nuestra forma de vida, pero nosotros preferimos cantar y bailar como si no hubiera un mañana. Así que hay que darse prisa. El flautista ya ha empezado a tocar la flauta. Han llegado los malabaristas y las danzarinas. Los delfines saltan entre las olas. El banquete está preparado. ¡Y que empiece la fiesta!

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