Leer la vida
04 de octubre 2026 - 03:07
Nos enseñaron que no hay que prestar libros. En tono sentencioso nos advertían de que quien presta un libro pierde un amigo y también un libro. De la única avaricia de la que se podía presumir era de la libresca. Existía una extraña hermandad en cuyos estatutos se sacralizaba el vicio de ordenar pulcramente una biblioteca por orden alfabético, la ilusión de contar volúmenes de los que ufanarse, la queja vanidosa de no tener más espacio para colocar libros. Esa suerte de secta generaba mucho bibliómano cargante. Mucho bibliófilo exquisito. Todos queriendo ser una pequeña minoría de gustos únicos dispuestos al sacrificio de la........
