Sant Josep y la fotografía
El pasado fin de semana pude asistir y participar en el II Congreso Sant Josep és Foto, celebrado en el Auditorio Caló de s’Oli, por cuyo escenario desfilaron artistas de la fotografía de primer orden mundial, que en diversas ocasiones impactaron entre un público de profesionales y aficionados, procedente tanto de la isla como de diversos lugares de España e incluso del extranjero.
Para una Ibiza asediada por la omnipresencia de la fiesta y el lujo, a la que acude un turismo estandarizado que viene a lo mismo y al que la idiosincrasia, la cultura y los valores etnográficos, en general, les importan un rábano, que de pronto emerja un acontecimiento de esta magnitud, que atrae a personas con un interés genuino por la isla –incluidos los ponentes, que son figuras de gran relevancia e influencia–, es un soplo de aire fresco tan valioso como necesario.
En el pasado, la isla generó importantes acontecimientos culturales, que contribuyeron a identificar y difundir una imagen más real sobre nuestra verdadera naturaleza y nos vincularon a los movimientos de vanguardia en la música, la pintura o la arquitectura, entre otras disciplinas. La sequía de estos últimos tiempos, sin embargo, es inquietante y eventos como Sant Josep és Foto, que además del congreso genera exposiciones de altísimo nivel, presentaciones de fotolibros, jornadas de audiovisuales sobre fotografía y diversas actividades al aire libre que tienen como objetivo subrayar los rasgos más positivos de la isla, inyectan optimismo y esperanza.
Sorprende también que en sólo un año, un evento cultural de estas características haya alcanzado tal crecimiento en calidad, pasando de traer figuras nacionales, que ya eran muy interesantes, a concentrar ponencias de autoridades mundiales, ampliando además el programa de tres a cuatro días.
Tener la oportunidad de escuchar a Isabel Muñoz, una de las artistas más importantes de nuestro país, que ha expuesto en los principales museos de arte contemporáneo del mundo, representa un sueño para cualquier aficionado a la fotografía. Sus imágenes capturadas bajo el mar, con caballos menorquines nadando o bailarinas y bailarines envueltos en tules entre las algas resultaron de una belleza asombrosa.
Lo mismo que atender a las explicaciones y a la lección de humanidad ofrecida por el fotoperiodista Emilio Morenatti, recién aterrizado de la guerra del Líbano, que expuso la situación actual del conflicto con imágenes aún calientes, y escuchar su compromiso con el oficio, aún a costa de la propia integridad física. Morenatti tiene dos premios Pulitzer, fue secuestrado en Gaza hace veinte años y perdió una pierna en un atentado en Afganistán, mientras viajaba con un convoy estadounidense.
Por el festival también desfiló uno de los más importantes paisajistas de gran formato del globo, el británico Joe Cornish, que encendió de asombro las caras de los asistentes con las instantáneas que realiza en lugares que todavía no han sido alterados por la mano del hombre.
La japonesa Ai Futaki, que posee un récord Guinness de apnea, aprendió esta técnica para nadar entre los peces como una sirena, evitando espantarlos con las burbujas que generan las bombonas de oxígeno que utilizan los buceadores. Futaki literalmente dejó mudo al público al mostrar fotos donde pasea entre tiburones, acaricia a los cocodrilos o juega con las ballenas, como una más. Y la gran fotógrafa norteamericana Lynn Goldsmith, retratista de las más importantes estrellas de la música, la cultura y los deportes desde hace sesenta años, ofreció también una valiosa lección de vida y oficio.
Son sólo algunos nombres entre muchos otros, que hicieron del congreso una experiencia emocional que difícilmente podrán olvidar los asistentes. Así ocurrió también con la reveladora ponencia sobre la pérdida de identidad de los ibicencos y la confrontación de la Ibiza real de los nativos con el universo artificial creado por un sector del ocio de voraz apetito, que impartió Joan Costa, con una serie de proyecciones que dejaron reflexionando a los asistentes.
Sólo cabe felicitar a Joan F. Ribas y José Juan Gonzálvez por el esfuerzo, la creatividad y las ganas que se requieren para organizar un evento que nos ha hecho crecer a todos los que hemos podido disfrutarlo. También al Ayuntamiento de Sant Josep por involucrarse y apostar firmemente por la cultura, y a las empresas que han apoyado la iniciativa. Todo ello demuestra que los que queremos una Ibiza más cultural, reflexiva, profunda y respetuosa somos muchos más de lo que podría parecer.
Sant Josep és Foto no es el único evento cultural relevante de la Ibiza actual. Sin ir más lejos, dentro de pronto se celebra el Festival Contrast Ibiza, que también trae a figuras internacionales de primera magnitud. Pero la cultura, comparada con el protagonismo de la fiesta, sigue siendo un páramo. Ojalá cunda el ejemplo y, de la misma manera que todos los municipios han acabado organizando competiciones de platos tradicionales, tomen también el camino de la cultura.
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