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Crónica blanca de una crónica negra

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Una lápida sin nombre, simplemente una alusión a su condición de persona fallecida en el mar. Era una chica embarazada de cinco meses, no sé a qué patera correspondía, pero que llegó a nuestras playas después de no me pregunten cuántos días en las aguas de esta isla que nunca conoció. Un entierro ‘multitudinario’ de gentes que sin tener lazos de ninguna clase, querían que esta mujer no se fuera sola al limbo de los que no consiguieron una vida ‘mejor’ (a veces está por ver). Flores, algunas recogidas en ‘jardines’ de kilómetro cero. Un frasco con leche y dátiles para acercarla a su dios (si es que existe entre tanta crueldad) y la constatación de una tragedia que se sucede cada día, incluso para aquellos que llegan y siguen su camino después de otro camino de amargura y penalidades. Entre viernes y lunes (tiempos de calma chicha en el mar) llegaron cuatro pateras con más de 60 personas. Nada que haga presagiar otro entierro en tierra de nadie. Pero no puedo descartarlo, por aquello de la ley del silencio del que no quiere saber.

Hoy que nos estamos debatiendo entre sí ‘regularizar’ o frenar, como sea (aquí entra la frase de ‘por lo civil o lo militar’) el flujo migratorio. Enviamos mensajes a la sociedad de los ‘peligros’ de los sin patria que llegan por todas las vías, incluso las pateras. No miramos en los que aquí estamos por derecho y estamos fuera de la norma exigida para la convivencia o es que solo delinquen los de más allá. No, aquí los hay con matrícula de honor en la universidad del pillo y doctorados en labores de ‘malo’. Cada día aparece uno u otro en los magazines que más recuerdan a El Caso de Margarita Landri que a un repaso por las ‘miserias’ de nuestros famosos. Empleamos las palabras en función de lo que ‘unos’, muchos o pocos según los entreviste Tezanos o el de al lado, quieren oír en esta época de incertidumbre económica, no vaya a ser que cualquiera de esos se coma la parte proporcional del gasto de estado que me corresponde.

A esta mujer, que enterramos el pasado miércoles, ya no la podemos compensar con la parte de nuestros derechos que le correspondían con toda justicia después de las ‘fatigas’ de un viaje sin retorno hacia una vida de la que no podrán disfrutar, ni ella, ni el hijo que estaba engendrando. Menos palabras y más esperanzas para quienes arriesgan su vida a todo o nada en el casino de la miseria.


© Diario de Ibiza