Descálzate
Algunos días tienen de bueno que llegas a casa y te descalzas. Punto. Ya con eso bastaría para considerar que la jornada, al final de todo, mejoró. La maniobra resulta catártica. Alivia en cierto grado lo que pasó antes, o lo suspende, o le da una patada hacia delante. Hay cosas que solo necesitas apartar de tu vista durante un rato. Cuando pasas muchas horas fuera no es raro fantasear con regresar y quitarte los zapatos. Rueda por ahí una hermosa teoría según la cual las personas se ponen realmente a prueba no cuando salen de casa para encarar los desafíos del día, sino cuando entran, y entonces hay que enfrentar eso llamado vida doméstica, siempre más compleja de lo que parece.
Estar en casa es una sensación agradable, pues, que empieza por descalzarse. Me costó mucho........
