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El Parador, un éxito colectivo

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26.02.2026

Hacerse viejo no es fácil. Y no solo porque las articulaciones ya no responden como antes y cada día aparece un nuevo achaque. Lo difícil es percatarse de que llega el momento de echarse a un lado y de que querer perpetuarse o reivindicarse conduce, invariablemente, a un único destino: el ridículo. Es un mal del que no se libran muchos expolíticos, que añoran los momentos de gloria vividos y cuya mayor pesadilla es ser olvidados por la historia. Porque el olvido es como una doble muerte.

Y entre los momentos estelares de Ibiza pasará a los anales la consecución, por fin, del Parador el pasado lunes; aunque también lo harán las puñaladas traperas que, desde días antes —e incluso durante el mismo acto—, se lanzaron entre sí quienes quieren pasar a la historia por sus aportaciones para lograr ese hito. Hubo quien, en ese empeño, llegó a defender que tuvo un papel trascendente cuando, aunque hizo lo que pudo —que no fue poco y hay que reconocerlo—, tampoco fue para tanto. Y hubo otros que, encorajinados porque sabían quiénes se dejaron realmente la piel para conseguirlo, clamaban el mismo día de la inauguración por una reparación histórica. También los hubo que no dijeron esta boca es mía, pese a que en su momento arrancaron millones y el compromiso de recuperar los trabajos, como el exalcalde Rafa Ruiz, que en cada feria turística daba, inasequible al desaliento, la matraca a ministros y a los responsables de Turespaña y Paradores. Lo mismo que el actual alcalde, Rafael Triguero, o el presidente del Consell, Vicent Marí, que hicieron lo propio cada vez que viajaron a Madrid, Londres o Berlín. Hasta el edil de Turismo de Ibiza, Rubén Sousa, anduvo detrás del ministro de Turismo, Jordi Hereu, en la capital alemana para, como si fuera un reportero de ‘Caiga quien caiga’, arrancarle unas palabras de aliento en el estruendo del Messe, un recinto donde la acústica es terrible y los ruidos te confunden.

Que se haya abierto el Parador es un logro común, de todos los políticos que han dirigido las administraciones locales e insulares desde hace 40 años, pero de nadie en particular. Es un éxito colectivo del que nadie debería apropiarse.

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