Una isla que precisa límites
Ha llegado el momento de plantear una política de transformación, tanto a escala global como insular y municipal. Y es que no hablamos de una amenaza futura ni de un escenario hipotético. Nos encontramos en un escenario que presenta una crisis ecológica y climática que obliga a revisar nuestra forma de producir, consumir, ordenar el territorio y gestionar unos recursos naturales cada vez más limitados.
La ciencia lleva años advirtiendo la necesidad de poner límites. En 2025, nos indicaron que siete de los nueve procesos fundamentales que contribuyen a mantener la estabilidad del sistema Tierra han traspasado el umbral que separa lo seguro de la incertidumbre. Esto no significa que mañana vaya a producirse un colapso global, pero sí que estamos aumentando la presión sobre los sistemas naturales de los que depende nuestra propia supervivencia.
Y, si esto es problemático a escala global, también lo es en un territorio insular, y esta realidad adquiere todavía mayor importancia. Una isla dispone de un territorio limitado, recursos hídricos limitados, ecosistemas sensibles y una capacidad limitada para absorber determinadas presiones. Esto no podemos olvidarlo ni obviarlo.
Y este creo que sigue siendo uno de nuestros principales problemas: seguimos intentando gestionar una realidad ecológica nueva con criterios políticos y económicos propios de una época en la que todavía parecía posible ignorar los límites.
La escasez de los recursos hídricos se sitúa como uno de los ejemplos más evidentes. Sin embargo, sería un error reducir el debate exclusivamente a determinar si tenemos mucha o poca agua. La verdadera pregunta es otra: ¿quién utiliza el........
