Mi hermosa tintorería
Faltaba poco, pero todavía faltaba, para que estallara la monstruosa crisis de 2008. La que empezó en las fauces de los lobos de Wall Street, soplando y soplando hasta casi derribar la casita de los tres cerditos de la economía no meramente americana, también mundial. Lo impresionante de estas cosas es que nadie las vea venir.
Por aquellas fechas visitó Nueva York, donde yo vivía, una delegación de Banc Sabadell, que dio lugar a una cena de periodistas donde yo, camino de los postres, intuitivamente y sin pensar dije: “esto se acaba, esto va a petar”. Silencio sepulcral. Sobre todo de mis colegas especializados en finanzas. “¿Por qué dices eso?”, me preguntó uno de ellos. Yo respondí: “Porque en mi barrio, en Brooklyn, acaba de........
