Los árboles, guardianes climáticos de Ibiza
Rara vez se valora aquello que fluye en generosa abundancia a nuestro alrededor. Ocurre, por ejemplo, con los árboles, tema de mi artículo de hoy. Permanecen estos tan cerca de nosotros en el día a día que no nos dejamos cautivar lo suficiente por su compañía. Nuestra indiferencia los reduce a un decorado inerte; una presencia constante y rutinaria que damos por sentada.
Aunque salgamos a la calle y suela haber un árbol cerca tejiendo nuestros pasos de sombra y sobrevolándonos las cabezas con su revoloteo de hojas, no lo acabamos de ver. Nuestros ojos solo enfocan en modo prismáticos, atentos únicamente a lo que anda lejos, inalcanzable. No disfrutamos de lo que tenemos por ansia de lo que queda por poseer.
De tan habituales y próximos, olvidamos cuán unidos estamos a los árboles, tanto física como emocional y culturalmente. Nuestros ancestros más remotos fueron casi criados por ellos, bajo su cobijo y sustento −a su cargo−, algo que ya no recordamos. Como simios espantados, un día resolvimos descender de sus ramas, internándonos en las llanuras deforestadas al........
