Angosto
No es por ser mala sombra, pero –¡bienvenido, agosto!– lo mejor del verano ya ha pasado: ¡lo siento! Lo mejor es la ilusión de junio y el simulacro agónico de julio. El deseo, vaya. La confirmación tiene su qué, ¡claro, claro!, sobre todo porque es imprescindible, necesitamos parar y descansar para volver al ruedo y a la rueda.
El problema es que en agosto uno tiene que hacer realidad todo lo que imaginó en junio. Descansar, leer, bañarse, enamorarse, no mirar el teléfono, llevarse bien con la familia, recuperar a los amigos y volver convertido en una versión mejor........
