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Babel

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21.07.2026

No hay que olvidar que en aquel tiempo se realizaron cosas apenas inferiores a la erección de la Torre de Babel, pero de la que diferían mucho —si nuestros cálculos humanos no yerran— en lo que respecta a la aprobación divina. Digo esto, porque en los días iniciales de la obra un letrado compuso un libro que desarrollaba precisamente ese paralelo. Ese libro quería demostrar que el fracaso de la Torre de Babel no se debía a las razones que generalmente se aducen o mejor dicho, que esas conocidas razones no eran las esenciales. Sus pruebas no sólo se apoyaban en informes y documentos: pretendía haber hecho investigaciones en el sitio mismo y haber descubierto que la Torre se malogró —y tenía que malograrse— a causa de lo débil de sus cimientos.

                                                                                        Franz Kafka, La construcción

Días pensando en escribir.

Lo impropio de escribir no es pensar, no es tener voluntad.

El verbo escribir es transitivo. No es escribir sino escribir qué.

Para ello, hay que atravesar las fronteras de la representación (el hombre está mediado por la representación y reconocerle como lo que es: un animal que, a falta de medios para garantizar su subsistencia, es ofrendado con el don de nombrar). Primero nombrar, después narrar.

Narrar es un instinto natural. Es la experiencia aferrándose a la única naturaleza que torpemente se empeña en transformar y transmitirla. La experiencia se transmite y se delega a la memoria colectiva; la utopía de la historia.

La historia trabaja con los hechos aparentes, la legitimación, las ideologías. El lenguaje, con los mundos posibles.

Hay que  pensar primero y escribir después; el hacer de los pensadores. El narrador........

© Diario de Cuba