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El señor de los candiles

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12.02.2026

Es muy fácil de hacer. Se toman dos laticas de refresco, cerveza o lo que sea. Una se abre por la mitad con mucho cuidado, sin que se desvíe el corte. Para tener asegurado la precisión descubrí ponerla dentro de otra lata más resistente y con la altura que quería. Así que le daba vueltas y con la chaveta en la otra mano bien sujetada, la apoyaba sobre el borde de esta lata continente. El corte salía perfecto.

Luego se pone la parte de arriba de la lata dentro de la parte de abajo, convirtiéndola la mitad de pequeña. Donde se abría para tomar el refresco se le hace el furaco más grande porque la va a cubrir el fondo de otra lata. Esta última pieza es la más difícil de hacer y es la que sostiene el mechero. Se le corta el fondo en redondo a esta segunda lata. Se tiene que encontrar una tijera fuerte para esto porque esta parte de la lata es más fuerte que el resto.

Se le abre un pequeño orificio en su mismo centro, y se corta del resto del material un rectángulo más menos largo. Este va a rodear un tubo que tendrá el grueso que queremos del futuro mechero. Hay que tener mucha precaución en medio de todos estos cortes porque cortan la mano de nada. Se introduce esta última pieza dentro del orificio hecho en el fondo de la lata y ya lo tenemos casi terminado. Solo falta ponerle el mechero.

Esto se hace con cualquier telita o flequito de las colchas de trapear, que son las mejores. Algunas personas se quejaban porque los habían comprado para los eternos apagones y nunca les había servido. Obvio, ¡no era el recipiente! Es el mechero, amigo mío, amiga mía. Una vez puesto a un largo conveniente, llega abajo con el petróleo, enciende arriba con la llama, ¡usted no queda desamparado en medio de la oscuridad! ¡Usted se alumbra!

En mi casa siempre hubo candiles desde que tengo uso de razón. Pero eran distintos. Tenían asas, eran de otras latas más fuertes y gracias, y había que tener una pistola de soldar porque sus tapas con el mechero y todos eran soldados. Pero buscando por ahí qué inventar para comer, porque lo mío ya no me daba resultado, me fijo en esto. 

El vendedor, un señor trigueño, delgado, alto estaba con un saco lleno de laticas convertidos en pequeños candiles, contra........

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