Las traviesas Moiras
¿Cómo decirle a una joven que desea ser bailarina que carece de condiciones físicas y de oído? ¿Cómo convencer a un político homofóbico de que hace rato que son otros tiempos? ¿Cómo sugerirle a un académico muy culto, para colmo ensayista, que sus poemas resultan más fríos que Groenlandia, más aburridos que una autopista?
Los primeros auxilios —aunque sepas que no tienen cura— se los pueden ofrecer nuestras tres hermanitas, las traviesas Moiras. La frase revolotea: "Láquesis y Cloto no quisieron que tu hilo te llevara por ahí". A lo que pudieras añadirle el consuelo supremo, irrebatible: "Tal vez Átropos —el futuro— te lo conceda".
Eran tremendas. Las tres hermanitas del destino nos siguen asustando, sobre todo cuando comenzamos un nuevo año. Las Moiras —repartidoras, en griego clásico— llevaban el hilo de cada vida, hasta la muerte. Hijas de Zeus y Temis, las tres se dividían el devenir, no dejaban fuera el más mínimo control, de ahí que después fuesen consideradas herejías, represoras del libre albedrío, fatalistas. Además de justificar cualquier mala decisión, error, desliz... "Fue el destino" —aún suele oírse en trifulcas matrimoniales, parlamentos políticos, escalafones de escritores, defensas de tesis.
Como dice la Inteligencia Artificial —cuarta hermanita recién incorporada al baile del destino—, cada Moira asumía lo suyo con disciplina no ateniense sino espartana. Lo mismo hacen sus sucesoras, las Parcas en la mitología latina. Basta recordar La rama dorada: un estudio sobre magia y religión —el riguroso tratado del antropólogo J. F. Frazer— para tener una vista panorámica de las múltiples........
