¡Los ratoncitos son buenos!
05 de abril 2026 - 03:08
Entre cuatro íbamos de esto a lo otro. Dimos en comentar la severidad de algunos en la tarea de redactar. Que auditan el número de adjetivos como médicos que te proscriben la sal si tienes la tensión alta. Recelan del gerundio y del adverbio acabado en “mente”. Pecados que merman, a sus pareceres, la finura y la destreza, y enturbian la comunicación. Se ponen hoscos con las frases subordinadas, los paréntesis, las rayas o guiones, los dos puntos y el punto y coma. Signos evitables si redactas noticias o dictámenes; pero signos gramaticales al cabo: ¡los ratoncitos son buenos!, y me explico. Con cinco años, Jaime montó en cólera de alta graduación con su abuela, porque ella le dijo que si en una casa se metían ratones había que pasaportarlos: “¡Los ratoncitos son buenos!”, espetó el enfurecido nieto a mi madre, que se partía, con su Fortuna emboquillado entre dos lindos dedos. Pues eso. Todos los signos tienen derecho a la vida, una razón de ser.
Sobre la coma, una de la charleta comparó “vamos a comer niños” con “vamos a comer, niños”. Del canibalismo, al almuerzo familiar. Mas, si no es preceptiva, la coma da juego. Los escritores la ponen o eliden según su narrar (hijo de su discurrir). Hay quienes la evitan todo lo posible; hay otros que no conciben una frase larga sin atiborrarla de tales arcos inclinados. Los poetas tiran de ella como les sale de sus yemas. No, no conviene comerse niños en vez de darles de comer. Comamos con criterio, pero cada uno a su gusto, y sin expeler perdigones a otros comensales.
Delibes, Cortázar, Lampedusa, Magris, Cela, Cunqueiro o Conrad (en su inmarcesible uso de un idioma no materno) redactaron como les salía de sus diversas almas y seseras. La higiene ortográfica es como el salario mínimo. Es licencioso quien juega con la puntuación entre vocablos y frases. Y ellos con el tiempo. Digo esto porque tuve un profesor de Música que nos anunció que “música es el arte de combinar los sonidos, y éstos con el tiempo”. Las palabras escritas también suenan y recorren juntas los tiempos. (He colocado una tilde en “estos” porque así lo aprendí y es útil. Puestos a pisar callos, cierro esto en un paréntesis con abominados puntos suspensivos... y con el punto final adentro; chulería ya prohibida, pero del gusto de Javier Marías, que académico de la Lengua fue.)
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