menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

‘Rociera’ y ‘Rocinante’

5 0
10.04.2026

10 de abril 2026 - 03:07

El caballo de Nietzsche. Todo el mundo conoce la anécdota, todo el mundo la recuerda cuando ve a uno de ellos desplomarse: en un momento que le desató un brote mental definitivo, el filósofo alemán distinguió a un cochero que se estaba ensañando con su animal. Nietzsche corrió a abrazar a aquel caballo, entre lágrimas, antes de que este cayera al suelo. Aquello ocurrió a finales del XIX. El tiempo ha pasado. La i latina ha desaparecido y vuelto aparecer en la numeración romana. Pero, si hablamos de brutalidad, la mantenemos intacta. Esta semana se viralizó el vídeo de Rociera, una de las yeguas que tiran de las calesas de Jerez, derrumbada por tercera vez en una mañana. Tuvieron que acudir los bomberos a rescatarla. Lo mismo alguien piensa que es una yegua del montón. Para mí, es preciosa, y la tendría todo el día en un campo de margaritas si fuera la aristócrata británica que merezco ser.

A Nietzsche le rompió, hace más de un siglo, ver este tipo de maltrato. Ahora, somos mayoría los que nos espeluznamos; los que entendemos que no forma parte de lo civilizado. Son los modos de un mundo antiguo, que aún perviven, un mundo en el que todos los animales eran herramientas o cosas. Ese perro no vale doce pesetas, decían los cazadores haciendo referencia al cartucho para matarlo.

Ese antiguo mundo apenas está contenido por las bridas que le hemos puesto. Cuando hablamos de El Quijote como plasmación de lo español, lo hacemos mirando el reflejo más brillante, lo que creemos ser: el hidalgo loco e idealista. Ya quisiéramos. Cervantes –que nos tenía bien tomada la medida– retrató al detalle la colección de entremeses sangrientos que se le ofrecían todos los días, a cada momento, porque a quién no. Nosotros somos los que torturamos, abandonamos, vejamos y (si podemos) matamos a toda criatura que se nos ponga por delante. A Rocinante y su jinete, también y por supuesto.

Deberíamos hacer ejercicio de contrición –ya que tanto lo hacemos por los motivos equivocados–, puesto que actualmente conocemos de sobra cómo funciona el sistema nervioso central, y cómo interrelacionan con nosotros ciertos animales. Pero no: despierta la primavera y, como si formaran parte de un ritual pagano, allá van las monturas despanzurradas en el Rocío, la tortura entre aplausos en las plazas, los galgos ahorcados, las camadas abandonadas, los toros de fuego. Nuestro ardiente holocausto.

También te puede interesar

Visita de dos alcaldes al Papa

‘Rociera’ y ‘Rocinante’

Una tregua rodeada de amenazas

Las Glorias toman el relevo: entregadas las pastas del pregón a Moisés Posada


© Diario de Cádiz