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El reclamo de Gazmira

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19.04.2026

Hoy invité a desayunar a Taborno, el viejo guardacoches (él dirá que el viejo soy yo), que tanto me aprecia. Su nombre viene de esa población de las montañas de Anaga, entre los barrancos de Afur y Taborno. Llevaba tiempo con una agonía en el estómago y, en mi coche —que él mismo cuida—, le ayudé con su inteligencia virtual y mi técnica de Transformación emocional (TBT). En doce minutos ya era otro. Descubrió que la causa estaba en su “chica”. Él la llama así, aunque con su barba blanca y su andar venerable, no sé si será tan chica.Ese fondo amargo lo padece mucha gente sin saber por qué. No surge de la nada: es producto de experiencias enterradas en el inconsciente, que el sistema reticular, siempre vigilante, activa sin pedir permiso, a través del vago, respuestas “reptilianas”, como le ocurría a Taborno. A veces pienso que todos llevamos dentro un animal que despierta cuando menos imaginas.

Taborno, me resulta fascinante porque perpetúa creencias guanches. Cree que yo le despojé de un mal espíritu, un “xaxo” malo o “arrimado”, como describe Bethencourt Afonso, semejante a los endemoniados del Evangelio. El xaxo es más que un cadáver momificado. A los enfermos se les trataba bajo la sombra de un drago, como el «Drago Santo», expulsando espíritus con preparados de su savia. Bethencourt Afonso cuenta que, si alguien enfermaba así, lo llevaban de noche a cuevas profundas, dragos antiguos o barrancos donde el viento........

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