menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Premios Ortega y Gasset

13 0
26.03.2026

El País ha entregado los premios de periodismo Ortega y Gasset a una rusa, un nicaragüense y un norteamericano, como si en España no hubiera nadie digno de ese galardón. Quizá haya sido un toque de atención para decirles a los de aquí cómo hay que someter esa profesión a la independencia y a la objetividad. Claro que ese periódico no iba a reconocer esas virtudes en los que intervienen en otros medios, pero es que también en esos existe la sospecha de que anden paniaguados por sus respectivos señoritos. Es decir, que, una cosa por otra, la prensa anda hecha unos zorros y todos actúan al dictado de sus distintas parroquias o de sus convicciones políticas, y no se resisten a la tentación de convertirse en voceros de sus ideologías. Siempre he pensado que estas cuestiones son incompatibles con el compromiso de una información imparcial, pero las cosas son así y sobran los plumíferos que contribuyen a la polarización, haciendo de la democracia un ejercicio de la parcialidad en nombre de la libertad de expresión.

Este es un debate que no acaba de resolverse. Quizá por eso ninguno de los profesionales españoles ha sido merecedor del Ortega y Gasset, lo cual honra al jurado de El País, pero nos descalifica como sociedad avanzada y garante de los más elementales principios constitucionales.

El problema estriba en que muchos periodistas y no menos escritores, en nombre de cierta intelectualidad mediatizada, han bajado a las trincheras para enterrar entre todos a la imparcialidad, tratando en esa faena de ser los superstars de moda. Hoy lo super es jaleado con una extrema facilidad para elevar a la gloria a personajillos que no serían nada si no fueran apadrinados por sus parroquias de forma forzada y artificial. John Carlin habla de un Sánchez super estrella, seguramente por el hecho sobrevenido de una guerra desacertada y desafortunada que le hace cabalgar al frente del antitrumpismo. Puede que esto sea así, y que comparado con la tibieza de algunos dirigentes europeos haya sido catapultado más allá de la estratosfera por donde transitamos los pobres mortales sometidos vulgarmente a la ley de la gravedad. Ser super entraña cierto peligro, pues es un término desgastado por Zapatero, dado que todos a los que añadió ese prefijo mágico acabaron en la cárcel, como super Cerdán y sus amigos. Es arriesgado pasarse con los calificativos y hay que ser comedido a la hora de los reconocimientos extraordinarios.

Nos admiran en el resto del mundo y ponen como ejemplo nuestras decisiones acertadas, aunque luego nos dejen solos y no nos siga nadie, pero lo cierto es que tenemos que recurrir a los de fuera para establecer cuáles son los comportamientos acertados y dignos de ser destacados para seguir su ejemplo. El premio es para Svetlana Alexiévich, Sergio Ramírez y Martín Baron: una rusa, un ciudadano de Nicaragua y un periodista estadounidense. Los candidatos españoles estaban todos lanzando a sus superestrellas y el jurado no se apercibió de lo meritorio de esa dedicación y pasó de largo. O quizá si lo hizo, en sentido negativo, y ese fue su acierto.


© Diario de Avisos