La Luna
Cuando era niño subí a la luna con Julio Verne. Este hombre me llevó a muchos sitios. Entonces la luna tenía cara de mujer y sonreía hasta que un cohete se le incrustó en un ojo y no le hizo gracia. En 1960 me llevó Kubrick al ritmo del Danubio Azul. Atravesaba el espacio suavemente en una nave y las azafatas parecían flotar llevando las bandejas con comida sintética. Parecían vestidas por Elio Benhayer que le había diseñado el uniforme a las de Iberia. Desde Barcelona vi llegar a los astronautas Armstrong, Aldrin y Collins, en blanco y negro. Parecía que se iban a cumplir las previsiones de Arthur C. Clarke para 2001, pero la cosa se paró, se cortó el grifo de la inversión y aparecieron los negacionistas afirmando que nunca habíamos estado allí.
La carrera espacial ha sido intermitente. Los cerebros electrónicos y la Inteligencia Artificial siguieron por su cuenta y nosotros pegados a los móviles y al chatGPT como si no hubiera otra cosa donde sentirnos seguros. Hace unos días salió en televisión una mujer casada con un holograma. Ignoro si casarse con uno norteamericano te da derecho a la visa. Confieso que no me adapto al mundo en el que vivo. Ayer hemos vuelto a enviar hombres a la luna. Son cuatro. Cuatro no es un órgano deliberante, lo que quiere decir que todo está protocolizado desde Huston. Hoy las cosas son así, y vamos a la guerra sin una deliberación previa. El problema estriba en que si le consultáramos a alguien nos iba a decir que no. Lo mismo pasa con los astronautas a la hora de adoptar una decisión democrática. Los incrédulos dicen que el viaje a la luna es una operación de maquillaje para distraernos de los asuntos importantes. Otros aseguran que detrás hay intereses económicos y que van a por las tierras raras. El problema es saber a nombre de quién está el satélite.
En una erupción volcánica las nuevas tierras que no están afectadas por el dominio marítimo de costas son del colindante, pero aquí quién ostenta esa titularidad pública. La luna no se está quieta y orbita equidistando de todos los países. ¿Será de la ONU? Yo creo que la ONU no va a reclamar. Se conforma con las aportaciones de los estados miembros para hacer estudios sobre el cambio climático. Creo que quien tiene más derecho son los países del Islam. Lo digo por lo de la media luna. Sin embargo, en eso le debe ganar la virgen de la Concepción, que la pisa de manera inmisericorde. En fin, que no acabaré de despejar mis dudas.Cuando Clarke escribió su novela nos estaba advirtiendo de la amenaza de las computadoras para dominarnos. La escena donde desconectan a Hall 9000 es terrible, con la suite Gayane de Khachaturian de fondo. Aquello fue una premonición y ahora andamos entontecidos en manos de estas máquinas que nos hacen creer más inteligentes y más sabios.La luna está en mi cabeza desde siempre y no necesito que nadie la vaya a buscar para darme noticias de ella. Es la misma que llama Federico para no ver la sangre de Ignacio sobre la arena; la misma de Atahualpa Yupanki, la del dile que la quiero, la azul de Desayuno en Tiffany’s, la lunera cascabelera, la que ilumina las noches de mi largo camino, la de toda la vida. Para qué quiero más.
