Carlos Acosta y sus “ignorancias”
La palabra escrita y la palabra hablada fueron para Carlos Acosta cauce ajustado de soledades, de sus sentimientos, rebeldías, tristezas, la vida entera cifrada en el afán de ser cabalmente quien era, con su humildad, con sus saberes y sus “ignorancias”, como le agradaba decir y recalcar; el reconcentrado mundo de sus sueños y ensueños siempre en vilo. Era tan buen conversador como escritor. Le venía de lejos.
A Carlos le agradaba recordar su encuentro primero con la palabra, en el tiempo, remoto ya, en que ambos coincidimos en el hermoso claustro del viejo instituto lagunero de la calle de san Agustín, reabierto a comienzos de los años cuarenta del siglo pasado, recién acabada la sangrienta guerra civil, donde prendió en nosotros, él en un curso más avanzado que este viejo periodista, la llama de un compartido amor a la palabra. Aunque pronto transitamos caminos diferentes –él optó por el magisterio–, aquella amistad de adolescencia se mantuvo siempre intacta en el tiempo, igual que la temprana pasión compartida por el mundo de la palabra, con su poder y su magia.
Fui testigo, uno más, de su vocación de poeta y escritor que cuidaba con celo la frágil........
