Cuando votas pensando en la guerra
Es propio de la España carpetovetónica, la tradicionalista, que se mira el ombligo y hace caso omiso a cuanto pasa fuera, con desdén. Ese tic de una españolía que no ve más allá de los Pirineos hizo que Feijóo no apreciara una pizca de efecto Irán, este domingo, en Castilla y León. Y opinó que Vox había frenado su ascenso, no por sumisión a Trump en la caótica guerra, sino por bloquear al PP en Extremadura y Aragón. No hay peor ciego que el no quiere ver.
En la Junta Directiva Nacional de su partido, en Génova, un Feijóo que no atiende a razones repitió hasta la saciedad ese latiguillo impotente de “¡ya está bien!”, dirigido a su socia exclusiva: la ultraderecha. Desde que él mismo abortó los pactos con Abascal, tras atraerlo por teléfono y alejarlo al día siguiente con exigencias arrogantes por escrito, no para de echarle en cara con frustración que le ponga palos en las ruedas: “¡Ya está bien!”
El idilio entre PP y Vox nunca fue tal, y lo que auguran estas malas maneras de Feijóo de querer desposarse a la fuerza con el único partido que le llevaría a la Moncloa en la mejor de sus hipótesis es que estamos ante un caso de matrimonio mal avenido. Lo cual ha dado ya pie a la teoría de que, si Sánchez........
