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Cuando votas pensando en la guerra

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17.03.2026

Es propio de la España carpetovetónica, la tradicionalista, que se mira el ombligo y hace caso omiso a cuanto pasa fuera, con desdén. Ese tic de una españolía que no ve más allá de los Pirineos hizo que Feijóo no apreciara una pizca de efecto Irán, este domingo, en Castilla y León. Y opinó que Vox había frenado su ascenso, no por sumisión a Trump en la caótica guerra, sino por bloquear al PP en Extremadura y Aragón. No hay peor ciego que el no quiere ver.

En la Junta Directiva Nacional de su partido, en Génova, un Feijóo que no atiende a razones repitió hasta la saciedad ese latiguillo impotente de “¡ya está bien!”, dirigido a su socia exclusiva: la ultraderecha. Desde que él mismo abortó los pactos con Abascal, tras atraerlo por teléfono y alejarlo al día siguiente con exigencias arrogantes por escrito, no para de echarle en cara con frustración que le ponga palos en las ruedas: “¡Ya está bien!”

El idilio entre PP y Vox nunca fue tal, y lo que auguran estas malas maneras de Feijóo de querer desposarse a la fuerza con el único partido que le llevaría a la Moncloa en la mejor de sus hipótesis es que estamos ante un caso de matrimonio mal avenido. Lo cual ha dado ya pie a la teoría de que, si Sánchez pierde en 2027, permanecería en la oposición viendo caer el Gobierno por propia inercia.

Podemos enterrar la cabeza en la arena como Feijóo e ignorar que estas elecciones se han celebrado bajo un contexto bélico monumental y el miedo al crack consiguiente. O intentar ahondar en la verdad de lo que nos pasa, porque quizá el estado de opinión sobre la guerra nos acompañe hasta 2027. Esto no gusta a los hermeneutas del PP, que es el que más se juega ese año ser o no ser.

La guerra de Irán, a mi juicio, ha introducido, desde hace dos semanas, ciertos elementos de juicio que deben preocupar a medio y largo plazo a los partidos y líderes proTrump. Vox, la fuerza más trumpista en España, ha experimentado un ligero frenazo -quería el 20% y obtuvo el 19%, no es un pinchazo-. Reitero que es un factor con recorrido.

En las elecciones andaluzas de junio y, sobre todo, en las generales de 2027 sabremos si el no a la guerra y la presumible caída de la torre de Trump sacuden el avispero electoral, como creo. Que el listón de los partidos, en España y en Europa, se verá alterado por este desatino garrafal del presidente americano, cuya estela entra en barrena a partir de ahora, no me cabe la menor duda, y será la ultraderecha, por lógica, la primera en sufrirlo, pero también la derecha que no se distanció a tiempo de las barrabasadas del anciano senil, como lo llama el senador demócrata Chris Murphy.

Desde este fin de semana, en Europa, los líderes ya no tienen reparo en decirle no, como si hubieran perdido el miedo a llevarle la contraria, algo que era un anatema en el seno de la UE. Cuando Sánchez, en junio de 2025, negó a Trump el 5% del PIB para gasto militar en la cumbre de la OTAN en La Haya, la oposición conservadora española puso el grito en el cielo. Hoy recordarlo nos da vergüenza ajena. El mismo rechazo provocó, a comienzos de este mes, su no a la guerra y el veto de las bases españolas a EE.UU. Y ahora vemos el resultado del desatino: una crisis energética global que sacude los mercados y aterroriza al conjunto de las economías del mundo.

A Feijóo, al parecer, no le inmuta lo que sucede ahí fuera, y su exégesis favorita del escrutinio de Castilla y León se reduce al no de Abascal al PP, en lugar del no a la guerra. La gente, habitualmente, lleva el boto en el bolsillo, allí donde más duele el estrecho de Ormuz.

El PP ha ganado bien, absorbiendo los últimos restos de Ciudadanos, y el PSOE ha obtenido un excelente resultado, con ganancias similares los dos partidos (dos escaños más cada uno). Vox puede darse con un canto en los dientes. La izquierda alternativa ha tomado buena nota: dividida no se come una rosca, como sostiene Rufián.

Mañueco lo va a tener crudo para gobernar en solitario como él quiere. Abascal, si entra, lo hará en las tres autonomías, para gestionar perras. A Feijóo no le ha salido el paseíllo de este carrusel electoral para apabullar al sanchismo, es obvio. Todas han sido victorias con v de Vox, de cuya dependencia no ha logrado zafarse. Que rece para que Abascal no le pida una de las tres presidencias a cambio de apoyar las otras dos. Como el PSOE, que, en 1986, cedió, pese a ganar, la jefatura del Gobierno vasco al PNV.

La política internacional y la española ahora se tocan. O actuamos con la indiferencia del avestruz. En Francia, la ultraderecha de Le Pen, la menos trumpista de Europa, no acusó desgaste en la primera vuelta de las municipales del domingo, y la izquierda mostró músculo en las grandes ciudades. De un día para otro, la UE no es la misma, y rehúsa la orden de Trump de acudir en su auxilio a Ormuz. Ayer Europa respondió a Trump algo insólito: “Esta no es nuestra guerra, no es asunto de la OTAN”. ¡Quién lo iba a decir!


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