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Los padres que siguen estando

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20.03.2026

20 de marzo 2026 - 03:08

Me enseñó a nadar y a montar en bicicleta, a hacer nudos de distintas formas, a conducir, a llenar botellas pequeñas desde recipientes grandes. Me enseñó que uno tiene que responder sobre todo ante sí mismo, mucho más que ante los demás. Si uno no se autoexige ni cumple un mínimo de normas cívicas, si uno no se compromete o asume su parte de responsabilidad, no tiene derecho alguno a exigir nada a los demás. Me enseñó que hay que dormir bien, siempre, que hay que comer bien, siempre. Los problemas no se arreglan porque uno no duerma o no coma. No tiene sentido alguno castigarse uno mismo. Me enseñó que hay que sonreír, saludar, incluso aunque los demás no lo hagan: «Si los demás hacen algo mal, no significa que lo tengas que hacer tú». Me enseñó que hay que poner buena cara siempre, incluso (o aún más) si hay mal tiempo. No solucionan nada las caras largas, los malos gestos o la infelicidad.

En verano me llevaba a la playa prácticamente a diario, me acompañó siempre a las cabalgatas de reyes, a las ferias del libro, a las audiciones en que actuaba desde pequeño en el Conservatorio. Me enseñó que uno puede ser lo que le dé la gana ser. Con sus escasos estudios primarios, no dudó en apoyar que un chaval de los años 80 decidiera estudiar música, cuando todo el mundo preguntaba «¿eso para qué sirve?» o «estudias música, ¿y qué más?».

«Ojala hubiera podido yo», decía a menudo, «yo no lo conseguí, pero mi hijo sí». En sus últimos tiempos pasaba horas y horas escuchando música sin parar. Aprendí desde pequeño que la música era sobre todo para disfrutar, para sentir, para compartir. Mi recuerdo musical más antiguo es verlo con la guitarra, cantando y disfrutando con amigos. Luego vinieron largas conversaciones, los Beatles, la música de los 70, fuimos juntos a ver a Los Puntos, Serrat, los Rolling… Y así fue como sin saberlo me regaló el futuro que hoy disfruto gracias a la formación musical, y esta manera de sentir y entender la vida a través de la música. Silbar, tararear, sacar letras de canciones en cualquier conversación… Por eso hoy cuando me emociono escuchando música, cuando alguna música me hace sentir de verdad, me viene inevitablemente su recuerdo. Da igual el estilo o el momento. Él se ha quedado para siempre en la música.

Me enseñó en sus últimos días que la vida siempre tiene valor, y que hay que estar agradecido por vivirla. Llegó a decir que «había estado bien», que había merecido la pena. Es mi padre. Ya no está, pero sigue estando.

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