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La vida o la nada

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21 de abril 2026 - 03:05

En el libro La vida o la nada. ¿Por qué tener hijos en tiempos de colapso? (Cátedra) Marianne Durano hace un alegato en favor de la vida como filósofa, decrecentista (reducción de la producción y el consumo para disminuir la presión sobre los recursos naturales y construir sociedades más justas y equitativas), ecologista, cristiana y madre de cuatro hijos. Se basa en su experiencia a la luz de textos de Marx, Aristóteles, Hegel, Arendt, Jonas, Epicuro o Rousseau. Porque, escribe, “dado que ahora tenemos que encontrar razones para engendrar, el engendramiento se convierte en un objeto filosófico de la mayor importancia: tener o no tener un hijo implica, en efecto, toda una serie de posicionamientos políticos, morales y económicos”.

Se pregunta por qué la Europa de la generalización del bienestar y las libertades “es la primera en cuestionar la razón de ser de una nueva existencia”. Y da críticamente algunas de las razones, desde la salvaguarda de nuestro nivel de consumo hasta el pesimismo medioambiental, político y existencial, “porque el engendrar una nueva vida apela al sentido mismo de la vida humana”. Frente a ello su respuesta es una afirmación de la vida y de la búsqueda de su sentido, dando la mayor importancia a las humanidades: “Ese conjunto de conocimientos que educan en la belleza, la moral y el civismo… Todo aquello que necesitamos para afrontar el futuro y encontrarle un sentido a nuestra vida, que no se confunda con la ilusión de un progreso sin meta”.

Oigo en su libro el eco de preguntas, dudas y miedos milenarios que recorren la historia desde el Evangelio (“vienen días en los que dirán: bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado”) hasta Heidegger (“¿por qué el ser y no la nada?”). Pero también el de las hermosas palabras que Ernesto Sábato anotó viendo a un campesino trabajar la tierra en la desolada Italia de la posguerra: “¿A qué pensar sobre la inutilidad de nuestra vida?... ¿Por qué no limitarnos humildemente a seguir nuestro instinto que nos induce a vivir y trabajar, a tener hijos y criarlos, a ayudar a nuestro semejante? Precaria y modesta, esta convicción implica una posición ante el mundo”. De esto trata este singular libro escrito a contracorriente del nihilismo consumista.

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