NUESTRA HERIDA, columna de Alejandro Martorell
Dentro de los incontables prejuicios que existen en torno a la política, probablemente el más arraigado sea el de considerar que todos aquellos que tienen apetitos políticos y convicciones de insertarse en la acción política, son personas moralmente degeneradas, de conciencia turbia, intenciones torcidas, mentalidad maliciosa, principios amputados, vergüenza sepultada e inteligencia deformada; y que la política es terreno........
