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Palabras, palabras...

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15.04.2026

Creado: 15.04.2026 | 05:00

Actualizado: 15.04.2026 | 05:00

Aunque ‘cobarde’ es un adjetivo (y también sustantivo) que describe a una persona con falta de valor, miedo ante el peligro, riesgos o dificultades, se utiliza no pocas veces como un insulto. Y así lo ha hecho el Presidente de Estados Unidos para señalar a sus aliados de la OTAN como países que sienten miedo, falta de valor o pusilanimidad ante el peligro o el riesgo que implica su guerra conjunta con Israel contra Irán.

Al escuchar frecuentes ‘noes’ de varios hasta hace poco fieles euro-atlantistas, Trump se ha dedicado a cuestionar la integridad o valentía de quienes consideran que se ha descontrolado una situación en Oriente Medio precisamente debido a una iniciativa unilateral, sin contar con, al menos, el consenso de Bruselas, por OTAN, o de Nueva York, por la ONU. El trágico estigma de la violencia cuasi perpetua en Oriente Medio y la fuerza implacable del tiempo que opone resistencia a una pronta solución del desastre creado desde la Casa Blanca, en Washington, hacen inútiles los intentos de humillar a los socios de Estados Unidos con palabras hirientes.

La historia, con sus propias palabras, lo ha escrito: sólo un hombre como Alejandro Magno fue capaz de conquistar el Imperio Persa y, aún así, pereció en Babilonia

Ha sido leyendo La violencia del tiempo del escritor peruano, nacido en Piura, Miguel Gutiérrez, que he recordado, en un encuadre musical repentino, la composición «Parole parole» interpretada originariamente por el dueto formado por Mina Mazzini y Alberto Lupo, ambos recriminándose en la canción la supuesta falsedad de sus discursos románticos respectivos. Como transcribe Miguel Gutiérrez de las anotaciones de uno de los personajes de su historia, que forma parte de «un pueblo de bastardos, frutos de la violencia, la derrota y el engaño», las palabras tienen un poder arcano. ‘Cobarde’, sin duda, goza de una «entidad sonora».

Transformo la idea de Miguel Gutiérrez haciéndola mía y compartiéndola con el amable lector. Digo, pues, ‘cobarde’ es una palabra «de naturaleza múltiple, ambigua y maleable, pero con una maleabilidad infinitamente mayor, por ejemplo, que el aire y el fuego». Con este insulto se puede jugar, imprecar, exorcizar, seducir, esclavizar, aniquilar, y no siempre, cuando es adjetivo verdadero, resulta victorioso, ni su mensaje entendido; y juntando este insulto con otros ya expresados por el presidente estadounidense se podrían quizás crear mundos profanados auténticamente, o de execración verdadera que, sin duda, es lo que sucede en las presentes circunstancias. Como leo en La violencia en el tiempo, «las palabras, una vez dichas, una vez proferidas, (son) irreparables, e integradas al soplo del viento y al río del tiempo, (son) inextinguibles y perpetuas. Los hombres (mueren) definitivamente en cuerpo y alma, pero (sobreviven) sus palabras, sustancias de su ser, que, empujadas y arrastradas por vientos sediciosos y contrarios, (atraviesan) desiertos, piélagos, montañas y selvas y ciudades y pueblos y caseríos, conformando la vasta y feraz memoria de la tierra».

Pobre Trump, cándido y desventurado en su empeño por destruir Irán hasta hacer retroceder a ese país ‘a la Edad de Piedra’. Solamente una catástrofe nuclear como la sutilmente insinuada recientemente ante la propia Primera Ministra de Japón, Sanae Takaichi, a la que también incomodó con su enajenado humor negro, podría hacerlo. Pero lo cierto es que la historia, con sus propias palabras, lo ha escrito: sólo un hombre como Alejandro Magno fue capaz de conquistar el Imperio Persa y, aún así, pereció en Babilonia.


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