Ajuste necesario, pero improbable
La primera vuelta en las elecciones presidenciales de Brasil fue un nocaut para Luiz Inácio Lula da Silva y preámbulo del fin del gobierno de izquierda más poderoso de América Latina.
Vendrá la segunda vuelta en tres semanas, pero el corrimiento a la derecha del electorado no augura una recuperación de Lula, cuya probable derrota agregaría al desvanecimiento de la izquierda latinoamericana y la emergencia de una derecha y la extrema derecha, coincidente con el proyecto político e ideológico de Donald Trump que está acabando con la marea rosa que se experimentó en este siglo.
Hasta hace no mucho, las principales economías latinoamericanas estaban bajo control de gobiernos de izquierda, que controlaban a 10 de los 19 países latinoamericanos –las naciones donde se hablan lenguas derivadas del latín–.
Cuya correlación de fuerzas cambió con las derrotas de la izquierda en Colombia y Honduras, y perdería gran parte de su densidad si se confirma en tres semanas la caída de Lula, que dejaría como la única voz legítima de izquierda a la presidenta Claudia Sheinbaum.
Ayer, Sheinbaum declinó opinar directamente sobre la elección brasileña hasta la segunda vuelta, pero reiteró que “la derecha internacional sí quiere intervenir”, evocando anteriores señalamientos donde apuntó a la “ultraderecha” estadounidense, inserta en la Casa Blanca.
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